Fuentes de Camões

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  1. Homero

La Vlyxea (traductor: Gonçalo Pérez)

Anvers, en casa de Juan Steelsio, 1556

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: SL/1673

 

Otros testimonios:

Boston, Public Library: D.243.5.

Buenos Aires, Biblioteca Nacional: 76 FD.

Bruselas, Bibliothèque royale: III 59.792 A.

Columbia, University Library: OCLC: 11303745.

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES 3603 P; L 42342 P; L 511799 P.

Londres, British Library: 1067.a.20; 11315.b.10.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/5930; U/4142; R/5150; R/2379; U/7400; R/978; R/10173; R/4172.

París, Bibliothèque Nationale de France: RES-YB-633.

Roma, Biblioteca Apostolica Vaticana: BAV MAG STAMPATI Stamp.Ferr. V.3862.

Salamanca, Biblioteca Universitaria: BG/35445.

 

 

Luís de Camões era un erudito, y sabemos de su profunda admiración por la obra homérica por las veces, numerosas, en las que alude a Ulises o al propio cantor de sus hazañas. La Odisea o, como en el caso de esta traducción al castellano, la Ulyxea, es un poema épico en el que la figura central, la del héroe aqueo, supera innumerables dificultades durante diez largos años para sobrepasar los límites de lo desconocido y alcanzar nuevas tierras, hasta entonces inexploradas. ¿No es acaso parecida la alta misión que D. Manuel de Portugal le encomienda a Vasco da Gama, en busca de nuevos horizontes, tanto geográficos, como comerciales y políticos?

Ulises, según el mito, llegó, navegando, hasta una bahía de corrientes tranquilas, en la desembocadura del río Tajo, en cuyas tierras fundó el germen de lo que hoy se conoce como Lisboa, ciudad que recoge en su etimología latina (Olisipo) la huella de esa fundación mítica. Así lo recuerda Camões en III:57: «E tu, nobre Lisboa, que no mundo/ Facilmante das outras és princesa,/ Que edificada foste do facundo/ Por cujo engano foi Dardânia acesa…».

Se nos antoja entonces comprensible la insistencia del poeta portugués en aludir a pasajes de la epopeya arcaica, estableciendo en el imaginario del lector de Os Lusíadas una relación estrecha entre la navegación de Odiseo y la de Gama, ambos favorecidos u obstaculizados por los caprichosos dioses de un Olimpo que no siempre es sensato o moralmente aceptable.

Al igual que en la Odisea, Camões no sigue una estricta linealidad en el relato de los acontecimientos que llevan a los portugueses hasta las Indias Orientales. El mar (Mediterráneo en el caso de Ulises y océano Atlántico – antaño denominado Mar Tenebroso – y océano Índico en el caso de Gama) y la superación de sus límites son un leitmotiv en ambas obras, así como la intervención de los dioses y el regreso final del héroe – y del poeta – a su tierra, con la consiguiente necesidad de restablecer el orden perdido, o la gloria usurpada o negada.

Camões canta al héroe victorioso de la guerra de Troya, y sin embargo muy castigado en sus intentos por volver a su Ítaca natal, en varios pasajes, como por ejemplo en I:3, II:45, II:82, III:57, V:86, VIII:5 y X:8, por citar solo los más conocidos, estableciendo incluso una comunión entre Ulises y Gama en la utilización de determinados adjetivos.  

El ejemplar expuesto está dedicado al rey Felipe II de España, que nadie, en 1556, presagiaba que fuera a convertirse también en rey de Portugal, por la crisis dinástica posterior a la muerte de D. Sebastião. Cabe destacar, en esta edición, cierta confusión del traductor, que desde el principio se refiere a la diosa Minerva en vez de traducirla por «Atenea», o a Iove (Júpiter), en vez de «Zeus».

 

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  1. Virgilio

Opera Virgiliana cum decem commentis, docte et familiariter exposita ... Bucolica & Georgica a Servio, Donato, Mancunello & Probo ... cum adnotationibus Beroaldinis. Aeneis vero ab iisdem praeter Mancinellum & Probum & ab Augustino Datho ... Opusculorum praeterea quaedam ab Domitio Calderino ... vero ... ab Iodoco Badio Ascensio Addidimus praeterea opusculum aliud in priapi lusum ... Omnia ... figuris & imaginibus illustrata

Lugduni, in officina Ioannis Crespini, 1529

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: 1-3514

 

Otros testimonios:

Coimbra, Biblioteca Geral da Universidade: 1-3-6-394; R-57-8 c.2.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/6069 V.1-2; R/31311 V.2.

Monpellier, Méditerranée- Médiathèque Centrale Émile Zola: C0014.

 

 

Virgilio es una presencia constante en la obra camoniana. Su visión del mundo, su filosofía, su epopeya, toda la obra del autor latino permea la obra de 1572, desde los primeros versos, en los que Camões se aleja conscientemente del modelo de la Eneida para afirmar que su poema cantará (como Virgilio) no a un héroe, sino a un conjunto de héroes, de grandes navegantes y valientes descubridores de tierras lejanas: «As armas e os barões assinalados […] cantando espalharei por toda a parte…» (I: 1-2).

La Eneida, compuesta entre el 29 y el 19 a.C. e inconclusa, narra los periplos por el Mediterráneo de Eneas con los troyanos supervivientes de la destrucción de su ciudad, en busca de un lugar, Italia, en el que fundar una nueva ciudad y un nuevo pueblo llamado a regir las suertes del mundo.

            Eneas, a la par que Ulises, es un modelo temático, el arquetipo del héroe que supera obstáculos de toda índole para alcanzar la gloria y el reconocimiento de sus pares, aunque Cleonice Berardinelli establece una clara diferencia entre los héroes clásicos citados en numerosas ocasiones en los versos camonianos y Vasco da Gama, protagonista de la epopeya lusitana. Ulises y Eneas actúan según sus impulsos y pueden optar por seguir o no los consejos de los dioses que siguen sus aventuras. Sin embargo, Vasco da Gama está sometido al imperativo moral y político dictado por quien le ha encomendado la hazaña, el rey D. Manuel. En este caso, por tanto, el género épico evoluciona según una renovada concepción del héroe –o de los héroes, en sentido colectivo-, más acorde al espíritu renacentista del que Camões es el máximo representante en Portugal. 

Matheus Trevisam ha demostrado la estrecha relación que existe entre las Geórgicas y la Eneida, por ejemplo, con las estrofas 7-37 del canto VI de Os Lusíadas, en las que el poeta narra un viaje a un reino submarino y un nuevo concilio de los dioses. Sin embargo, numerosas son las alusiones a los textos virgilianos por parte de Camões, desde los primeros versos (I:3) en los que se pide que cesen las alabanzas de las hazañas de Odiseo y Eneas, al ser Os Lusíadas un canto a la gloria de los portugueses, pasando por diferentes episodios (II: 45, VIII: 87, IX: 23 o X: 8), hasta incluir referencias directas al poeta latino, como en V: 63 o V: 87. La misión que Camões asume como propia a través de esta obra maestra es, al fin y al cabo, cercana a la que se propuso Virgilio a través de la Eneida, es decir, la celebración de una figura heroica mediante la cual una civilización –allí la romana, aquí la portuguesa– está llamada a cumplir una misión universal –de conquista allí y de sometimiento político, comercial y religioso aquí-, a pesar de los obstáculos internos y externos que dificultan el enredo. Para ambos autores, la presencia de múltiples divinidades, aunque paganas, influye positiva o negativamente en el transcurso de esa misión, y en la historia de las naciones dominantes existe siempre un factor ajeno a la fuerza o a la habilidad de los héroes (humanos o semidivinos) que condiciona los acontecimientos.

 

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  1. Plauto (y Francisco López de Villalobos)

Libro intitulado Los problemas de Villalobos: que tracta de cuerpos naturales y morales y dos diálogos de medicina y el tratado de las tres grandes y una canción, y la comedia de Amphytrion. La comedia de Plauto (traductor: Francisco López de Villalobos)

Zaragoça, en casa de George Coci, a expensas de Pedro Bernuz y Bartholomé de Nágera, 1544

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: 1-1840

 

Otros testimonios:

Londres, British Library: C.57.g.2.

Madrid, Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla, Universidad Complutense: MED 1625; MED 1626; MED 1627.  

Madrid, Biblioteca Nacional: R/2504; R/11733; R/3862; R/6710.

 

 

Francisco López de Villalobos dedica este volumen al infante D. Luís de Portugal (1506-1555), hijo del rey D. Manuel I, uno de los personajes más relevantes en Os Lusíadas. Cabe recordar que el autor vivió en la corte al servicio de Isabel de Portugal de 1529 a 1539.

En el libro que se expone se encuentran dos partes bien diferenciadas. La primera es un tratado de su autoría en el que se explica la configuración de los cuerpos celestes (naturales) y se ahonda en las virtudes o los vicios humanos, con recomendaciones morales para el hombre y la mujer de su tiempo. En este caso, la profesión de médico que Villalobos ejerció a lo largo de toda su vida le proporcionó las bases metodológicas para afrontar el estudio de la astronomía y la fisiología, en un género textual, el de los Problemas, ciertamente frecuentes en la primera mitad del siglo XVI.

La segunda es una traducción de la obra de Plauto, Amphytrion, obra del mismo Villalobos, en cuya portada se encuentra el escudo real. En el caso de la obra del comediógrafo latino, Villalobos procede a traducir el texto original, pero insertando en algunos casos sus comentarios al margen, visualmente diferenciados del resto del texto, y al final del mismo, procede a esclarecer en sentido cristiano los mensajes morales más importantes que contiene el Amphytrion en latín. Al ser Villalobos un converso, no sorprende su insistencia en la transformación de actitudes morales virtuosas o reprochables en enseñanzas cristianas aptas para sus lectores.

La comedia de Plauto presenta un enredo en ocasiones complicado de seguir por parte del público, pero la comicidad es fundamentalmente fruto de los equívocos, de los engaños de dioses y de humanos y de los intercambios entre ambos; la lección que subyace es que nada es lo que parece, y nunca podemos estar seguros de que la realidad es la que vemos con nuestros ojos. Camões adaptó esta obra en la famosa Comédia dos Anfitriões, publicada en 1587 junto al resto de obras dramáticas del autor. En ella se acentúa el carácter cómico del mito de Anfitrión y hace especial hincapié en el hecho de que el amor todo lo pueda, subyugando incluso a los seres inmortales.

Esta traducción se remonta a 1517, y demuestra los conocimientos de la cultura clásica del autor en una época, el Humanismo, en que se estaba despertando una nueva forma de aproximarse a la Antigüedad; más tarde, Villalobos se cimentó con una Glosa a la obra de Plinio Naturalis historiae. La primera impresión de su Amphytrion vio la luz en Alcalá de Henares, en la tipografía de Guillén de Brocar.

 

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  1. Petrarca

Triumphos (traductor: Antonio de Obregón)

Logroño, Arnao Guillén de Brocar, 1512

 

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: Res. 62

 

Otros testimonios:

Madrid, Biblioteca Nacional: R/2540.

Madrid, Fundación Lázaro Galdiano: M-FLG Inv. 6753.

Pamplona, Biblioteca Capitular de la Catedral: NA-BCP, 39-2/19(1).

 

 

En 1354 Petrarca (1304 – 1374) empezó a escribir un volumen en lengua vulgar, los Trionfi, considerada la obra de su madurez, y revisada hasta el año de su muerte. En ella, al estilo de Dante y en términos alegóricos, se narraba el recorrido que conduce a Dios desde las pasiones humanas, la primera de las cuales es la pasión amorosa. Así, en seis momentos significativos de la vida de los seres humanos, correspondientes a otros tantos triunfos, el lector asiste a la victoria de Amor (sobre los hombres), de la Castidad (sobre Amor), de la Muerte (sobre la Castidad), de la Fama (sobre la Muerte), del Tiempo (sobre la Fama) y, finalmente, de la Eternidad o Divinidad (sobre el Tiempo), en un proceso de anulación del elemento humano en favor de una ascesis en la contemplación y adoración de lo divino.

En este libro, de carácter menos personal con respecto al Canzoniere, Petrarca recupera algunos de los temas tratados en sus versos, como la figura de la amada Laura, lo efímero de la existencia, el fluir del devenir temporal y, especialmente, la centralidad de Dios en la vida del hombre. Recordemos que Petrarca vivió profundas crisis interiores en las que se fue reforzando su vínculo espiritual con Dios, a partir de experiencias inquietantes pero reveladoras. En esta edición, pobremente ilustrada, cada triunfo está representado con una imagen en blanco y negro.

La obra de Petrarca fue conocida y apreciada en Portugal por parte de los humanistas portugueses y a este respecto existe un manuscrito –el códice 561 de la Biblioteca Pública de Évora, editado por Giacinto Manuppella-, que conserva una traducción al portugués de esta obra petrarquiana, probablemente de la primera mitad del siglo XVI.

Camões conoce y admira los versos de Petrarca, que recuerda en varias ocasiones en su epopeya. Cita especialmente, y llega a reproducir textualmente en italiano, versos ligados a experiencias amorosas, de las que el florentino es reconocido intérprete poético para toda la cultura europea de los siglos XV y XVI, como en IX: 78: «tra la spica e la man, qual muro è messo», del soneto titulado Se col cieco desir, che ‘l cor distrugge, y pronunciados por el soldado Leonardo.

La influencia de Petrarca se observa aún más en la poesía lírica de Camões (su angustia, su melancolía y sus remordimientos), que además deja entrever la presencia del arte poético de los más antiguos Dante y Cino da Pistoia.

 

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  1. Petrarca

De los remedios contra próspera y adversa fortuna (traductor: Francisco Fernández de Madrid)

Zaragoza, Georci Coci, 1518

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: 809

 

Otros testimonios:

Cambridge (Harvard University), Houghton Library: IC P447 Ek510md.

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES 3263.A.

Londres, British Library: C.63.m.9.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/2488; R/2513; R/8511; R/870.

Madrid, Fundación Lázaro Galdiano: Inv. 3353.

Pamplona, Biblioteca de Navarra: 109-13-5/47.

Valencia, Biblioteca Histórica de la Universidad: R-1/85.

 

 

Esta obra se imprimió también en 1523, en Zaragoza y con el mismo impresor, Jorge Coci, el famoso impresor responsable de la primera edición conocida de Amadís de Gaula (1508). Se trata de la traducción al castellano de la obra originariamente escrita en latín De remediis utriusque Fortunae, empezada por Petrarca en 1360 y terminada en 1366, cuyo argumento tiene claros motivos estoicos. Obra filosófica, presenta a la Razón en diálogo con la Esperanza o con el Dolor y el Miedo, y la conclusión a la que llega su autor es que el hombre no debería confiar en la fortuna cuando le es favorable, y debería sobreponerse cuando le es contraria. Hemos de decir que este tratado no gozó del reconocimiento unánime que tuvieron las Rime, en tanto en cuanto no representan un episodio de profunda renovación de la poesía en vulgar y son, en cambio, una lectura en clave poco original de la necesidad del gobierno de la Razón sobre las pasiones humanas.

Es de sobras conocida la influencia que tanto Dante como, sobre todo, Petrarca ejercieron sobre el arte poético de Camões. Del segundo, el poeta portugués asimila la capacidad, claramente renacentista, de traducir en verso cierta angustia existencial, cierta melancolía, y una visión del mundo y de la vida de corte platónico. Igualmente petrarquesco es el trato reservado a la figura femenina, especialmente –pero no solo– en las Rimas camonianas, con la presencia de la mujer amada como desencadenante de una contemplación extática ante su belleza, pero incidiendo a la vez en un juego de presencia/ ausencia, de gozo/ sufrimiento, que recuerdan los mejores versos del poeta toscano.  

En este ejemplar, traducido del latín al castellano por Francisco Fernández de Madrid, se encuentra una Vida del autor, que precede el amplio texto filosófico.

 

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  1. Dante

La tradución del Dante de lengua toscana en verso castellano/ por el reverendo don Pero Fernandez de Villegas, arcediano de Burgos y por el comentado allende de los otros glosadores, por mandado de la muy excelente señora doña Juana de Aragon, Duquesa de Frías y Condessa de Haro, hija del muy poderoso Rey Don Fernando de Castilla y de Aragón, llamado el Catholico; con otros dos tratados, uno que se dize Querella de la fe y otro Aversión del mundo y conversión a Dios

Burgos, Fadrique alemán de Basilea, 1515

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: 1-468

 

Otros testimonios:

Barcelona, Biblioteca de Catalunya: Bom. 7-VI-20; CM-621.

Cambridge (Harvard University), Houghton Library: IC D2358 Ek515v; Typ 560 15.316.

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES 3821 A; RES 3261 A; RES 3822 A.

Londres, British Library: C.56.f.8.

Madrid, Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla: DER 45.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/12545; R/2510; R/2474; R/2529.

Milán, Archivio Storico Civico e Biblioteca Trivulziana: C440.

Munich, Bayerische Staatsbibliothek: Res/2 P.o.it.24.

Oxford, Bodleian Library: Arch. B c.22.

París, Bibliothèque Nationale de France: Res. Yd 20.

Valencia, Biblioteca Histórica de la Universidad: R-1/158; R-1/294.

Viena, Österreichische Nationalbibliothek: 80.Bp.1 PS.

 

 

Pero Fernández de Villegas (1453-1536), arcediano de Burgos, en 1515 tradujo al castellano el Infierno, la primera de las tres partes de las que se compone La Divina Comedia de Dante, y la complementó con unos amplios comentarios sobre el origen y el significado de cada detalle de la obra del florentino. La obra está dedicada a doña Juana de Aragón y su escudo se encuentra en la segunda portada.

Se trata de un texto en el que el traductor explica y comenta con mucha profusión cada estrofa o grupo de estrofas del Infierno; los versos ocupan una parte reducida de los folios, y los comentarios son muy amplios y detallados. El propio Fernández de Villegas explica el contenido de sus glosas en el prefacio: «En el principio se pone el proemio dirigido a la señora doña Juana de Aragón […]. Despues de pone largamente la vida y costumbres del poeta Dante y las causas de su destierro de la patria suya Florencia: y donde despues vivió y murió, y fue enterrado, y quedó su sucessión. Síguese una yntroduçión desta obra y forma que se tuvo en lo trasladar y poner en verso castellano», a lo que siguen varias páginas en las que se resume de una manera escueta el contenido de cada canto de Dante. Destacamos la preocupación de Villegas por proporcionar una explicación solvente de su proceso de traducción del toscano, y especialmente su preocupación por verter en castellano el contenido original, con su organización métrica. Asimismo, Villegas cita al humanista Cristoforo Landino, autor en 1481 de unos comentarios a la Comedia, como una de sus fuentes principales para las glosas, y explica a sus lectores que, cuando sea menester citar a autoridades que escribieron en latín, las mencionará directamente en castellano, siendo la obra escrita en esta lengua.

El texto de la Comedia fue introducido en Portugal por Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, alrededor del año 1443, en una versión traducida del italiano al castellano por Enrique de Aragón (ca. 1427). El texto dantesco ejerció una influencia notable en algunos poetas portugueses posteriores, entre los cuales cabe mencionar, a modo de ejemplo, Garcia de Resende en su Cancioneiro Geral, aquí expuesto.

Dante colocó en su Infierno a algunos grandes personajes de la Antigüedad clásica, aún siendo merecedores de sendos honores y gloria. Encontramos, entonces, al Ulises homérico, envuelto en llamas, al que, sin embargo, Dante no condena por su orgullo y su malicia; un Ulises que, pese a la condena, es visto como un hombre que cometió un error en su vejez que le llevó a ultrapasar las columnas de Hércules y, por tanto, a perecer en las aguas del Mar Océano. El fundador mítico de Lisboa, recordado por Camões en su relato de la historia de Portugal, en Dante es también un villano culpable de la traición del caballo de Troya, y culpable, por lo tanto, de haber provocado la fuga de Eneas. La condena a la que está expuesto es una llama perpetua que lo consume en la octava bolgia, donde se encuentran aquellos que utilizaron el ingenio para causar daño y aquellos que demostraron una astucia política enfocada al engaño. 

El Eneas al que Camões recordará como uno de los héroes fundamentales para la configuración de los valores occidentales, en Dante es un personaje especialmente significativo; en la tradición literaria clásica es quien emprende un viaje al mundo de ultratumba, un descensus ad inferos que tiene numerosos paralelismos con el viaje del florentino. Quizás por eso emerge de sus palabras una comunión de sentimientos con el héroe virgiliano, una conciencia de estar viviendo un destino parecido, la pérdida de la patria y un exilio forzoso en virtud de un destino inescrutable. Existe una clara correspondencia entre el viaje existencial de Ulises, el viaje fundacional de Eneas, el viaje alegórico de Dante y el viaje de descubrimiento de Vasco da Gama/Camões; todos ellos son viajes, en definitiva, entendidos como metáforas de la vida, en busca de las fronteras del conocimiento y de los límites del ser humano.

 

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  1. Ludovico Ariosto

Orlando furioso

In Venetia, appresso gli Heredi di Vincenzo Valgrisi, 1580

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: 1-1053

 

Otros testimonios:

Durham, Duke University Library: PQ4567 20.A2 201580 20c.1.

Florencia, Biblioteca Nazionale Centrale: MAGL.3.1.64.

Lyon, Bibliothèque Municipale: Rés 107009.

Lodi, Seminario Vescovile: XVI-IV-0006.

Londres, British Library: 11426.k.12.

París, Bibliothèque Mazarine: 4º 10953 A[Res].

Roma, Biblioteca Apostolica Vaticana: Stamp.Chig.III.87; Stamp.De.Luca.III.3656.

Turín, Biblioteca Nazionale Universitaria: RIS 25.8 (1v.); F III.20 (1v.).

Valencia, Biblioteca Universitaria: Z-11/204.

 

 

Ludovico Ariosto (1474-1533), máximo representante del Renacimiento literario italiano, ejerció una notable influencia en la capacidad de Camões de tejer redes conceptuales y, a la vez, de intervenir directamente en una narración que se define como épica. Del Orlando Furioso (escrito en 1502 y corregido por su autor hasta prácticamente su muerte), Camões retoma el arte del verso pulido según esquemas clásicos, la creación de un héroe cuya acción y cuyo pensamiento individuales se desmarcan del canon medieval y cierta sensación de inestabilidad de la condición humana, sometida a los caprichos de la Fortuna.

Igualmente presente en la obra camoniana, es un novedoso desarrollo de temas ligados al amor y a la sensualidad paganas, que ya se encontraban en dos hilos argumentales del Furioso, con las aventuras de Angélica y el enredo sentimental de Ruggero y Bradamante, cuya descendencia representa el origen de la casa de los Estenses (a los que menciona Camões en el canto I, estrofa 11). La presencia de criaturas o espacios mitológicos deja notar su influencia, en el caso de Ariosto, de la profunda inestabilidad política en la que el poeta vivió, entre guerras, invasiones y derrotas; el elemento mitológico, por ende, se entiende como algo ilusorio o decepcionante. El Portugal de 1572, sin embargo, no intuye aún el destino que lo espera, debido a la muerte del rey D. Sebastião y a la consiguiente pérdida de la soberanía nacional frente a la Monarquía Hispánica. Camões utiliza las criaturas mitológicas como ejemplos de virtudes o vicios propios de los seres humanos, como en la Antigüedad, pero concediendo un valor mucho mayor a las virtudes cristianas, portadoras de una justicia que representa la esencia del peito ilustre Lusitano, y resaltando que los héroes de su epopeya son personajes históricos reales, frente a los imaginarios del Ariosto.

La fortuna del Furioso es comparable con el éxito –y con las múltiples ediciones– de los Lusíadas cuatro décadas más tarde, y su difusión supuso la creación de un nuevo canon para la épica, al que no fue ajeno Camões. Esta edición, de hecho, está presente en numerosas bibliotecas italianas, algunas de las cuales no proporcionan informaciones sobre su localización.

            En el frontispicio del ejemplar expuesto, ricamente adornado, se encuentra una marca con una serpiente alrededor de un bastón en forma de Tau sostenido por manos que salen de una nube, con la inscripción «Vincent». Este volumen fue expurgado en 1641 por D. Pedro Fernández Torrejón, Catedrático de Teología en la Universidad de Alcalá.

En la Biblioteca de Castilla-La Mancha de Toledo se encuentra otro ejemplar de la obra, de 1556, expuesto en 2009 en ocasión de la celebración del quinto centenario de la publicación del primer ejemplar del Amadís de Gaula.

 

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  1. Jacopo Sannazaro

Arcadia

Venetia, Bernardino de Bindoni, 1545

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: 1-1671(2)

 

Otros testimonios:

Roma, Biblioteca Apostólica Vaticana: Stamp.Chig.V.3394 (int.1).

Toronto, Thomas Fisher Rare Book Library of the University of Toronto: B-10 07175.

 

 

El napolitano Jacopo Sannazaro (1456-1530), autor nacido en la corte aragonesa que escribió en plena transición entre Humanismo y Renacimiento, oscila en sus obras entre el latín y el vulgar. El latín es la lengua elegida para elegías y tratados de argumento religioso, mientras que sus obras más famosas –en una lengua florentina tomada de Boccaccio y aderezada en ocasiones con elementos del napolitano– son prosas y rimas cercanas a la gran tradición bucólica latina, de la que era gran conocedor.

Así, la Arcadia presenta a un joven, Sincero, quien decide abandonar su Nápoles natal para retirarse en la región griega que da nombre a la obra, y en un hilo narrativo trazado a veces en prosa y a veces en églogas pastoriles, se desgranan los elementos típicos de la tradición clásica. Sincero, personaje cercano al propio Sannazaro, vuelve finalmente a Nápoles para conocer la muerte de la mujer amada.

La obra tuvo una circulación muy amplia a partir de su primera edición, en 1504, y representa una inspiración para poetas y escritores posteriores, especialmente por el arte poético de Sannazaro en las descripciones de los espacios bucólicos de una Arcadia feliz en la que vivir una vida idílica en paz y armonía. 

La Arcadia, de reminiscencia clásica, es mencionada por Camões en el canto IV (estrofa 72), cuando el rey portugués D. Manuel tiene un sueño profético sobre los futuros éxitos en las Indias Orientales de las misiones políticas y comerciales bajo su reinado: «E assi a água, com impito alterada/ Parecia que doutra parte vinha/ Bem como Alfeu de Arcádia em Siracusa/ Vai buscar os abraços de Aretusa».

El ejemplar de la Biblioteca de Castilla-La Mancha de Toledo se encuentra encuadernado junto a un ejemplar de los sonetos y canciones de Petrarca y a las Rime del propio Sannazaro. Siendo estas Rime de clara inspiración petrarquesca, al igual que la lengua utilizada en toda la producción en vulgar, no sorprende que el lomo del volumen rece El Petrarca en Italiano.

 

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  1. Marco Polo

Libro de las cosas maravillosas que vido en las partes orientales Logroño, Miguel de Eguía, 1529

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: Res. 129 (4)

 

Otros testimonios:

Barcelona, Biblioteca de Catalunya: Bon. 9-IV-3.

Londres, British Library: G.6788.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/13145; R/11343; R/5599.

Nueva York, Public Library: OCLC: 36169674.

Oxford, Bodleian Library: Vet. G1 d.20.

Salamanca, Biblioteca Universitaria: BG/31830 (1); BG/31837.

Viena, Österreichische Nationalbibliothek: 65.D.23.PS.

 

 

La obra expuesta se encuentra encuadernada junto a otras tres obras, dos de las cuales son traducciones al castellano de Séneca y una es de fray Alonso de Castrillo.

El ejemplar de Miguel de Eguía de Logroño se había impreso con anterioridad por primera vez en 1503, por Lázaro Polono y Jácome Crómberger (usada por Cristóbal Colón), y esta edición que se expone es la tercera y última, de 1529, considerada «notable» por su calidad. En la tradición manuscrita se encuentran numerosas miniaturas en color que reflejan, en ocasiones, el contenido de los capítulos. Sin embargo, este ejemplar, impreso, no adorna el relato con ningún tipo de ilustraciones.

Rodrigo Fernández de Santaella (1444-1509), arcediano de la reina y fundador de la Universidad de Sevilla, tradujo «de lengua veneciana en castellano» el libro de Marco Polo, con el que entró en contacto durante su estancia en Italia. Ya en 1502 Valentim Fernandes lo había traducido al portugués y lo había dedicado al rey D. Manuel, inspirador de la gesta de Vasco da Gama relatada en los Lusíadas. Parece que Santaella conocía esta traducción, aunque parte, según afirma él mismo, de un códice en lengua véneta.

Santaella escribe una Cosmographia introductoria dirigida al lector, explicando los nombres de las tierras que describe Polo y a qué zonas se refieren, como en el caso del lugar denominado genéricamente «Ethiopia», que se refiere a las «muchas provincias pobladas de negros». El Prólogo del traductor explica, asimismo, que los lugares descritos por Marco Polo podrían resultar inverosímiles para el público, si la sociedad de aquellos años no se hubiese impregnado de las novedades y los descubrimientos realizados desde el siglo XV por los portugueses primero y por los españoles después, ampliando, por lo tanto, sus horizontes geográficos hasta límites insospechados.

            El Libro de las cosas maravillosas que vido en las partes orientales es un clásico de la literatura de viajes medievales desde el siglo XIII, y fue utilizado por Colón en sus expediciones. Marco Polo (1254-1324) y su itinerario, que llega hasta los límites orientales y meridionales del continente asiático (Catay y la India), se convierten en el texto fundamental de referencia para la sociedad medieval –y no solo– como instrumento de conocimiento de un Oriente maravilloso y exótico descrito en base a lo que el joven veneciano vio con sus propios ojos y vivió en primera persona, otorgándole el privilegio de la credibilidad, frente a otros célebres libros de viajes de la época, escritos solo en base a múltiples lecturas doctas, como resaltó Giambattista Ramusio, magnífico recopilador de grandes libros de viaje hasta el siglo XVI. La circulación del libro, en sus diferentes lecciones, fue extraordinaria desde su aparición, por lo que representa una clara influencia para autores y libros de viajes posteriores. Cabe destacar aquí que Os Lusíadas, entre otras posibles interpretaciones, puede ser considerado un valioso libro de viajes, redactado por un hombre que había tenido una experiencia personal dilatada en las Indias Orientales, al servicio de la corona de Portugal. Camões recoge, entonces, el testigo de historiadores y cronistas portugueses que, como ya hiciera Marco Polo, relatan detalladamente lo que vieron, proporcionando novos mundos ao mundo.

 

 

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  1. Luis Pérez

Glosa famosa sobre las coplas de don Jorge Manrique, con otra obra muy contemplativa a la Virgen Nuestra Señora

Valladolid, en casa de Sebastián Martínez, con privilegio de Su Majestad, 1564

 

Ejemplar expuesto:

Toledo, Biblioteca de Castilla-La Mancha: 1-1130

 

Otros testimonios:

Barcelona, Universitat de Barcelona, Biblioteca General: B-49/5/23(1).

Cracovia, Biblioteka Jagiellonska: CIM.Q.5662.

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES. 3934P.

Londres, British Library: G.11035.

Madrid, Biblioteca Nacional: 16510; R/5835.

Madrid, Fundación Lázaro Galdiano.

Madrid, Palacio Real.

Madrid, Real Monasterio de El Escorial: 31-V-58(1).

Nueva York, Hispanic Society of America: PQ 6412.M6 P47 1564.

Porto, Biblioteca Pública Municipal.

Salamanca, Biblioteca Universitaria: BG/34696(3); BG/7506(2).

Viena, Österreichische Nationalbibliothek: *38.F.51. 

 

 

La Glosa famosa sobre las coplas de don Jorge Manrique, con otra obra muy contemplativa a la Virgen Nuestra Señora fue escrita por el protonotario Luis Pérez en torno a 1561 y, a juicio de los críticos, fue la más importante del siglo XVI desde el punto de vista doctrinal. Dirigida a don Antonio de Toledo, prior de San Juan, caballerizo mayor del rey Felipe II y de los consejos de Estado y de Guerra, se publicó en la Universidad de Valladolid, en casa de Sebastián Martínez, en 1564, con una licencia firmada por Franscisco de Erasso. Este Antonio de Toledo, conocido como el gran prior de la Orden de San Juan, era tío del compañero homónimo de cautiverio de Miguel de Cervantes, si bien es cierto que muchas biografías cervantinas siguen confundiendo ambas personas.

Por su parte, Luis Pérez era clérigo de la diócesis de Palencia y en esta obra llevó a cabo una interpretación novedosa con respecto a glosadores anteriores. En sus márgenes incluyó un cúmulo de citas procedentes de autoridades grecolatinas y bíblicas con el fin de mostrar el ascetismo del poema manriqueño, aparte de las glosas en verso sacadas de su puño y letra. De esta obra se conservan en la actualidad un total de quince ejemplares.

En cuanto a la recepción de Jorge Manrique en Portugal, fue muy fructífera a lo largo del siglo XVI gracias, sin duda, al gran prestigio de la cultura española en los círculos cortesanos e intelectuales del país. De igual modo, el bilingüismo de la corte portuguesa, así como las relaciones constantes entre las dos casas reinantes, contribuyeron a la penetración y aclimatación de modelos castellanos en las letras portuguesas.

En este sentido, ya en 1501 aparecieron en Lisboa, supuestamente en la imprenta de Valentim Fernandes, las primeras glosas sobre las célebres coplas, en donde se incluían por primera vez las dos coplas póstumas, que una leyenda recogida por el cronista Rades de Andrada dice que fueron encontradas debajo de la armadura del poeta ya fallecido. A estas primeras glosas escritas por el español Alonso de Cervantes, que consistían en la ampliación o desarrollo de un poema ajeno o de un mote en el que se repetían sus versos como estribillo, le siguieron otras, especialmente las de los portugueses Gregorio Silvestre o Jorge de Montemayor, aunque siempre en castellano y, a lo que parece, en el reino de Castilla. En el caso de Montemayor, se publicaron con motivo de la muerte por parto de María Manuela, esposa de Felipe II, de modo que tuvieron que componerse después del 12 de agosto de 1545. En Lisboa volvieron a ver la luz en la imprenta de la esposa de Germão Galharde, en 1559, de la que existen hasta la fecha dos ejemplares.

En lo que a la influencia de Jorge Manrique en Portugal se refiere, diversos autores han puesto de manifiesto su impronta en obras de Gil Vicente, Garcia de Resende, Sá de Miranda o Pedro de Andrade Caminha. También Luís de Camões reflejó en sus textos la huella de las coplas manriqueñas. Además de en la comedia Filodemo y en algunas rimas, Camões evocó casi literalmente algunos de sus versos en los Lusíadas, como, por ejemplo, el verso cuarto de la estrofa 28 del canto III, en el que dice «O sprito deu a quem lho tinha dado», que sería una adaptación de «dio el alma a quien ge la dio» (XL, 7), o los versos 1-2 de la estrofa 26 del canto I, en donde afirma «Deixo, Deoses, atrás a fama antiga/ Que com a gente de Rómulo alcançaram», que recuerda aquel «dexemos a los romanos», de las Coplas (XV, 4).

 

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  1. Juan Sedeño (adaptación de la obra de Fernando de Rojas)

Síguese la Tragicomedia de Calisto y Melibea

Salamanca, Pedro de Castro, 15 de diciembre, 1540

 

Ejemplar expuesto:

Toledo, Biblioteca de Castilla-La Mancha: Res. 22

 

Otros testimonios:

Madrid, Biblioteca Nacional: R/6601(1); R/9683.

Nueva York, Hispanic Society of America: PQ 6433.S445 S54 1540.

Viena, Österreichische Nationalbibliothek: 59.D.35 PS.

 

 

La Tragicomedia de Calisto y Melibea, nuevamente trobada y sacada de prosa en metro castellano de Juan Sedeño consiste en una adaptación métrica completa de La Celestina y su elaboración y difusión ha de enmarcarse dentro del éxito editorial de la obra de Fernando de Rojas, que contó con decenas de ediciones desde su salida al mercado editorial.

De acuerdo con el investigador Joseph Snow, Rojas pudo haber mantenido una relación personal con Juan Sedeño y esta circunstancia habría influido en la adaptación literaria de este último, si bien es cierto que su impronta se deja ver ya en una obra anterior suya, como son los Coloquios de amor y bienaventuranza ([Medina del Campo, Pierre Tovans], 1536). Aparte de estas obras, Sedeño se especializó en la traducción de obras italianas, como La Jerusalén libertada de Torquato Tasso, y sacó a la luz también una Suma de los varones ilustres (Medina del Campo, Diego Fernández de Córdoba, 1551), sobre doscientos veinticuatro personajes famosos de la historia.

En cuanto a su relación textual con el libro de Fernando de Rojas, la versión de Sedeño respeta el mismo número de autos, las mismas escenas y casi los mismos diálogos que el original, aunque conviene recordar que a veces omite algunas partes más irrelevantes para el desarrollo de la acción principal. En lo que al léxico se refiere, mantiene una fidelidad muy alta hacia el texto de Rojas. De hecho, gracias al minucioso trabajo de Lorenzo Blini, sabemos que la versión de Juan Sedeño es fundamental porque, desde el punto de vista de la crítica textual, pone de manifiesto la existencia de un testimonio desconocido que justifican algunas lecciones del texto de la Tragicomedia en verso. Es decir, el libro de Sedeño estaría relacionado textualmente con una obra perdida que tendría un puesto privilegiado en el stemma o árbol genealógico de La Celestina y cuyo origen estaría en la rama de las ediciones valencianas, aunque anteriores a esta.

El ejemplar de la Biblioteca de Castilla-La Mancha incluye una anotación manuscrita que dice lo siguiente: «Prohibida por la Ynquisicion en Edicto del dia 1º. de Febro. de 1793. D Nicolás Antonio dice en el articulo de Juan Sedeño (Bibliothec. nov. Tom. 1º), que este erudito puso en verso la Tragicomedia de Calixto y Melibea, y que se imprimió en Salamanca en 4º en el año de 1540, en casa de Pedro de Castro. Interin no veamos un exemplar completo, no podemos asegurar que el presente sea el mencionado por nro. Bibliografo».

En lo que al número de ejemplares de esta obra se refiere, se conoce un total de cinco, tres de ellos en territorio nacional: dos en la Biblioteca Nacional de España y otro en la Biblioteca de Castilla-La Mancha. La belleza de esta edición radica también en la inclusión de pequeñas ilustraciones alusivas a los personajes de la obra y que nos sirven para documentar la forma de vestir de la mitad del siglo XVI.

 

 

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  1. Juan Boscán y Garcilaso de la Vega

Las obras de Boscán y algunas de Garcilasso de la Vega

  1. l. [Roma], M. Antonio de Salamanca, 1547

 

Ejemplar expuesto:

Toledo, Biblioteca de Castilla-La Mancha: 1-1701

 

Otros testimonios:

Berkeley, University Library: PQ6279.B6 1547 UCB.

Barcelona, Biblioteca de Catalunya: 2-II-4.

Londres, British Library: G.10955; C.63.e19.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/6295; R/10447.

Nueva York, Hispanic Society of America: PQ 66279.B6 1547.

Roma, Biblioteca Apostolica Vaticana: BAV MAG STAMPATI Stamp.Ross.6933.

 

 

El catalán Juan Boscán (1493-1542) ha pasado a la historia de la literatura por haber sido, junto a Garcilaso de la Vega, el gran introductor de los metros y formas italianas en la poesía española.

Educado en la corte de los Reyes Católicos, donde había sido llevado por sus padres tras el apoyo dado al rey D. Juan II de Castilla, recibió una esmerada educación de manos del humanista italiano Lucio Marineo Sículo, con quien adquirió un gran conomiento de latín y griego. Más tarde, ya al servicio del emperador Carlos V, pasó a servir a Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, más conocido como el Gran Duque de Alba. Con ellos participó en expeciones militares tan relevantes como la del cerco de la ciudad de Viena (1532), asediada por Solimán el Magnífico. Fue en este período cuando Boscán comenzó a ser conocido como autor de canciones en la línea de la poesía tradicional castellana, aunque su visita a la ciudad de Granada, en 1526, donde coincidió con el embajador veneciano, Andrea Navaggero, fue fundamental a la hora de cambiar su modo de entender la poesía. En una carta suya dirigida a la duquesa de Soma, mujer del almirante de Nápoles don Fernando Folch de Cardona, Boscán le contaba cómo había tenido lugar dicho encuentro y las consecuencias que tuvo para la poesía:

 

«me dixo por qué no provava en lengua castellana sonetos y otras artes de trobas usadas por los buenos authores de Italia. Y no solamente me lo dixo así livianamente, más aun me rogó que lo hiciese. Partíme pocos días después para mi casa, y con la largueza y soledad del camino discurriendo por diversas cosas, fui a dar muchas vezes en lo que el Navagero me havía dicho. Y así comenzé a tentar este género de verso, en el cual al principio hallé alguna dificultad por ser muy artificioso y tener muchas particularidades diferentes del nuestro. Pero después, pareciéndome quiçá con el amor de las cosas proprias que esto començava a sucederme bien, fui poco a poco metiéndome con calor a ello. Mas esto no bastara a hazerme pasar muy adelante si Garcilaso, con su jüizio, el cual no solamente en mi opinión, mas en la de todo el mundo, ha sido tenido por regla cierta, no me confirmara en esta mi demanda».

 

Gracias a esta misiva, contamos con uno de los documentos más cruciales de la lírica española, ya que narra el momento en que empiezan a introducirse en España las nuevas formas y métricas de la poesía italiana. A partir de entonces, la historia es conocida: el soneto, la canción, la égloga, la epístola en verso, la elegía, los tercetos encadenados, o la combinación de versos endecasílabos y heptasílabos serán habituales en la lírica castellana, a pesar de una corriente intelectual en su contra, capitaneada, entre otros, por Cristóbal de Castillejo, defensor de los metros tradicionales castellanos.

Boscán también ha pasado a la historia por haber traducido al castellano, por recomendación de Garcilaso, la obra de Baltasar de Castiglione, El Cortesano (Barcelona, Pere Monpezat, 1534), en donde se exponía el nuevo ideal de hombre renacentista, es decir, aquel que reunía bajo su persona el uso de las armas, pero también el de las letras, el viejo tópico de la fortitudo et sapientia actualizado a los nuevos tiempos. 

En 1539, Juan Boscán casó en Barcelona con una culta dama de Valencia, doña Ana Girón de Rebolledo, que fue la fuente de inspiración de los versos más logrados por su parte. Con ella tuvo tres hijas: Mariana, Beatriz y Violante. Nada más fallecer Juan Boscán, su viuda fue la encargada de sacar a la luz Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega en cuatro libros (Barcelona, Carles Amorós, 1543), de los cuales los tres primeros recogían la obra de su marido, mientras que el cuarto y último albergaba varias obras de Garcilaso de la Vega. Desde esta primera edición, de la que han sobrevivido más de una veintena de ejemplares, hasta la de Salamanca, de 1569, tanto la obra del catalán como la del toledano fueron publicadas de manera conjunta hasta, al menos, en diecinueve ocasiones, siendo una de ellas en Lisboa, en 1543, por el impresor Luís Rodrigues.

Por último, solo resta añadir que Camões sintió la influencia de Boscán, por ejemplo, en su conocido poema de las Rimas «Sôbolos rios que vão».

 

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  1. Garcilaso de la Vega y Fernando de Herrera

Obras de Garci Lasso de la Vega, con anotaciones de Fernando de Herrera

Sevilla, Alonso de la Barrera, 1580

 

Ejemplar expuesto:

Toledo, Biblioteca de Castilla-La Mancha: Res. 1-1137

 

Otros testimonios:

Barcelona, Biblioteca de Catalunya: Res. 281-8.

Lisboa, Biblioteca Central de la Marina: RDc12 13.

Lisboa, Biblioteca Nacional: L. 42213 V.; RES. 3898P.

Londres, British Library: 011451.g.39.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/12817; R/30901; R/5853; R/1408; R/9138; R/5850; R/5384; R/12798; R/5063; R/3707; R/9120; U/1110; R/3697.

Nueva York, Hispanic Society of America: PQ 6391.A1 1580.

Santander, Biblioteca Menéndez y Pelayo: 430. 

Viena, Österreichische Nationalbibliothek: *38.Q.54 PS.

 

 

Gracias a los magníficos trabajos de la profesora Carmen Vaquero Serrano hoy poseemos un conocimiento mucho más detallado tanto de la vida de Garcilaso de la Vega como de su obra.

            Procedente de tres linajes de ilustre abolengo, los Mendoza y los Suárez de Figueroa y los Guzmán, el nacimiento, infancia y adolescencia de Garcilaso de la Vega (ca. 1499-1536) se movió entre cuatro ámbitos familiares: en la dehesa extremeña de Los Arcos; en Toledo, en su casa situada en la parroquia de San Román; en el castillo de Batres (Madrid); y en Cuerva. Educado en la corte de los Reyes Católicos, ya en 1520 entró a formar parte del séquito del emperador Carlos V, a quien acompañó a partir de entonces destacándose como un gran soldado en algunos hechos de armas muy significativos. Así, por ejemplo, en la guerra de las Comunidades acaecida entre 1520 y 1521, al final de la cual participó del lado del Emperador y fue herido en la batalla de Olías. A pesar de que su propio hermano, Pedro Laso, formó parte durante mucho del bando comunero y fue condenado a muerte por ello.

            Su carrera militar y personal estuvo jalonada de éxitos personales, encarnando siempre la figura ideal del hombre cortesano, es decir, experto en armas y cultivado en letras: en 1523, recibió la Orden de Santiago y de contino pasó a ser gentilhombre del Emperador; dos años más tarde, obtuvo el cargo de regidor del Ayuntamiento de Toledo, momento en el que no solo vio a nacer a su primer hijo legítimo, Garcilaso, habido con su esposa Elena de Zúñiga, sino que además entabló amistad con Andrea Navaggero, embajador de Venecia, y Baltasar de Castiglione, nuncio del papa Clemente VII. En 1530, acudió a Bolonia a la coronación de Carlos V como emperador, lo que significó su primera estancia en tierras italianas.

            En el año de 1531, como consecuencia de su participación como testigo en el enlace matrimonial entre su sobrino Garcilaso de la Vega, hijo de Pedro Laso y de Isabel de la Cueva, en la ciudad de Ávila, sin la pertinente licencia real, Carlos V le desterró a una isla del Danubio, tal y como recogió el poeta en su famosa Canción III. Tras la mediación del Duque de Alba, Garcilaso fue trasladado a Nápoles, donde Pedro de Toledo era entonces el nuevo virrey y donde escribió la mejor parte de su producción poética rodeado de amigos como Minturno, Tasso o Tansillo.

            De vuelta a la carrera militar, tomó parte activa en la Jornada de Túnez, de 1535, contra los turcos, así como en una incursión militar en la fortaleza de Le Muy, en el ducado de Saboya, en la actual Provenza francesa. Esta última tuvo lugar en octubre de 1536 y en ella Garcilaso era maestre de campo de tres mil soldados, pero la fatalidad quiso que le cayera una piedra en la cabeza y como resultado de las heridas murió a los pocos días en Niza. Su viuda, Elena de Zúñiga, se encargó de que su cuerpo fuera trasladado a Toledo y enterrado en San Pedro Mártir.

Como ya hemos indicado en la ficha dedicada a Juan Boscán, la viuda de este se ocupó de la publicación no solo de las obras de su marido, sino también de las de Garcilaso en Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega (Barcelona, Carles Amorós, 1543). Divididas en cuatro libros, los tres primeros recogían la obra de Boscán, mientras que el cuarto reunía la obra conocida de Garcilaso. Ese mismo año salió una reedición en Lisboa, en 1543, por el impresor Luís Rodrigues, aunque sabemos que, debido a los contactos de los Laso de la Vega, entre otros, con la familia Sá de Miranda, sus poemas circularon de manera manuscrita en Portugal ya a finales de la década de 1530. Es más, aquí tuvo una especial influencia en determinados medios intelectuales de la época, como nos recuerda, por ejemplo, Gaspar Frutuoso en su Saudades da Terra, de quien se cumple, además, el 500 aniversario de su nacimiento (1522-2022).

Junto a Boscán, Garcilaso de la Vega introdujo en España definitivamente las nuevas formas y metros de la poesía petrarquista italiana. En cuanto a la forma, cultivó el soneto, la lira, la égloga o la elegía, y en lo que a la métrica se refiere, sintió predilección hacia los tercetos encadenados, la octava real y el verso endecasílabo, mezclado a veces con el heptasílabo. Al mismo tiempo, cabría destacar dos innovaciones más por parte del vate toledano: el uso del encabalgamiento, que, siguiendo los usos del verso latino, buscaba romper el verso, y el rechazo paulatino hacia el verso agudo, muy utilizado en la lírica tradicional castellana.

            Su concepción del amor bebió de las corrientes neoplatónicas del siglo XVI, difundidas en buena medida por León Hebreo, y que, más que el sentimiento amoroso, lo que más importaba era la observación de los efectos de ese sentimiento en el alma del poeta, es decir, analizar el estado anímico con todas sus contradicciones. Al mismo tiempo, la experiencia amorosa era capaz de producir un ennoblecimiento en aquellos que la experimentaban, produciéndose incluso una enajenación del amante en la amada, tal como se puede leer en su famoso poema «Escrito está en mi alma vuestro gesto». Este mismo proceso de metamorfosis del amador en el objeto amado se puede ver en el soneto de Luís de Camões «Transforma-se o amador na cousa amada», como podemos ver a continuación:

 

Transforma-se o amador na cousa amada,
por virtude do muito imaginar;
não tenho logo mais que desejar,
pois em mim tenho a parte desejada.

 

Se nela está minha alma transformada,
que mais deseja o corpo de alcançar?
Em si somente pode descansar,
pois consigo tal alma está ligada.

 

Mas esta linda e pura semidéia,
que, como o acidente em seu sujeito,
assim co’a alma minha se conforma,

 

está no pensamento como idéia;
[e] o vivo e puro amor de que sou feito,
como matéria simples busca a forma.

(Soneto XX)

 

Transfórmase el que ama en cosa amada
por obra y gracia de alta fantasía;
después el corazón ya nada ansía,
pues lleva en sí la parte deseada.

Si en ella está mi alma transformada,
también sosiega el cuerpo su porfía;
sólo en sí mismo descansar podría,
pues que a su vida el alma está ligada.

Pero esta radiante semidiosa,
que como el atributo en el sujeto
con mi alma se funde y se conforma,

viste mi pensamiento en luz radiosa,
y el vivo y puro amor de que es objeto,
cual la materia simple, busca forma.

(Soneto XX)

 

            El libro que aquí exponemos corresponde a la edición que llevó a cabo el «Divino» Fernando de Herrera, con unos comentarios de la obra de Garcilaso de la Vega que fueron más allá de simples aclaraciones textuales y lo convirtieron en un clásico para sus contemporáneos, tal y como sucedió con los múltiples comentadores de la obra maestra camoniana. En dichos comentarios, Herrera incluyó diseminadas algunas apreciaciones sobre Los Lusíadas, afirmando que era una «hermosa y elegante obra».

 

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  1. André de Resende

Epistola de vita aulica

Bononia, Ioannes Baptista Phaellus Bononiensis Bononiae impressit, mense Ianuario, 1533

 

Ejemplar expuesto:

Toledo, Biblioteca de Castilla-La Mancha: Res. SL/1019(2)

 

Otros testimonios:

Cambridge, Houghton Library, Harvard University: *PC5 R3113 533e.

Évora, Biblioteca Pública: BDA-06-3AR08_RES 155-E.

Salamanca, Biblioteca Universitaria: BG-2246-6.

 

 

André de Resende (Évora, 1500- Idem, 1573) fue uno de los grandes humanistas portugueses del siglo XVI que se formó en las principales universidades europeas. Su aprendizaje lo realizó, primero, en la Universidad de Évora, donde tuvo como maestro al gramático Estévão Cavaleiro, y, después, en la Universidad de Alcalá de Henares, donde recibió las enseñanzas de Antonio de Nebrija. En 1521, pasó por la Universidad de Salamanca, en cuyas aulas, además de obtener el doctorado, trabajó como auditor de su compatriota Arias Barbosa, el primer profesor de griego de esta insigne institución.

Sus viajes por Europa le llevaron a entablar amistad con las más eminentes personalidades del mundo de la cultura de su tiempo. Así, por ejemplo, en París tuvo contacto con Nicolás Clenardo, profesor de lengua griega, mientras que en Bruselas el diplomático Pedro de Mascarenhas lo llamó a su presencia para que fuese profesor de latín y porque el emperador Carlos V lo quería conocer. Por su parte, en Lovaina, a partir de 1525, llegó a entablar amistad con Erasmo de Rotterdam, Rogerio Rescio o Juan Dantisco. En lo que a Erasmo respecta, publicó por esta época un Erasmi Encomium, en donde defendía a aquel de las críticas tan malévolas que habían vertido hacia él y afirma la admiración que le tributan los Lusiadae, es decir, los descendientes de Luso. También de su estancia en Lovaina podemos destacar la traducción que llevó a cabo al latín de la carta del capitán mayor Nuno da Cunha a D. João III (Epitome rerum gestarum in India a Lusitanis), mediante la cual daba a conocer a Europa los importantes triunfos que los portugueses estaban cosechando en Oriente; o el Genethliacon (Bolonia, 1533), poema latino de unos novecientos hexámetros que describe con detalle las extraordinarias fiestas que se realizaron en Bruselas con motivo del nacimiento del príncipe D. Manuel. Sin embargo, el texto que más nos interesa ahora es la Epistola de uita aulica, también publicado en Bolonia en 1533, de la que solo existen cuatro ejemplares en el mundo y uno de ellos se encuentra en la Biblioteca de Castilla- La Mancha. Se trata de una obra en latín de 327 versos, dirigida a Damião de Góis y a «Speratum Martianum Ferrariam Lusitanum», en donde se satiriza la vida en la corte. Un texto, por otro lado, que se halla en la línea del diálogo de Luisa Sigea titulado Duarum virginum colloquium de vita aulica et privata (1552).

Una vez de vuelta en Portugal en 1533, fue nombrado por el rey nuevo maestro del infante D. Duarte, de cuya vida dejó un manuscrito que se editó solo a finales del siglo XVIII, y se convirtió en profesor de Humanidades en la Universidad de Coimbra, en 1537. De aquí dimitiría de su cargo en 1555 para volver a su ciudad natal de Évora, sin que se sepan aún las causas exactas que le llevaron a tomar tal decisión.

Asentado en la ciudad eborense, dedicó sus últimos años de vida a la arqueología, dejando, entre otras, la historia De antiquitatibus Lusitaniae, publicada de manera póstuma en 1593, en Évora, por iniciativa de Diogo Mendes de Vasconcelos, pero que se sabe que empezó a escribirla en 1545 y aún no la había acabado cuando la muerte vino a llamar a sus puertas en 1573.

Su intensa vida intelectual se puede resumir, por tanto, en varios puntos. En primer lugar, sintió predilección y admiración hacia la obra de Erasmo; en segundo término, el gusto hacia las elegantiae de la lengua latina; y, por último, el amor hacia la patria.

En última instancia, conviene destacar que el nombre de André de Resende está ligado inexorablemente al título de la obra cumbre de la literatura portuguesa, Os Lusíadas, ya que Camões tomó de aquel algunos elementos míticos y legendarios en la elaboración de su poema. Así, por ejemplo, del poema Vincentius, Leuita et Martyr o de su História da Antiguidade da cidade de Évora, el vate portugués tomó la fundación mítica de Lisboa, la historia de Geraldo sem Pavor, el origen del topónimo Andalucía o del patronímico «Tágides», los vínculos de Sertorio con la ciudad de Évora o las columnas de Hércules, sin olvidar que Camões enriqueció la lengua portuguesa a partir de latinismos procedentes de la obra resendiana.

 

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  1. Diogo de Teive

Epodon siue Iãbicorum carminum Libri tres. Quorum indicem sequens pagella continet

Olysipone, excudebat Franciscus Correa, typographus Serenissimi Cardinalis Henrici, 1565

 

Ejemplar expuesto:

Toledo, Biblioteca de Castilla-La Mancha: Res. SL/1700(1)

 

Otros testimonios:

Barcelona, Biblioteca de Catalunya: Res. 668-12º.

Cambridge, Houghton Library, Harvard University: *PC5 T2356 565e.

Évora, Biblioteca Pública.

Lisboa, Arquivo Nacional da Torre do Tombo.

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES. 44277 12V; RES 45533P; RES 41975P; RES 44277 11V.

 

 

El humanista «Iacobi Tevii Lusitani» o Diogo de Teive (ca. 1514-ca. 1569) nació en la ciudad de Braga y estudió entre las ciudades de Lisboa y Salamanca antes de embarcarse rumbo a París con una de las primeras becas que el rey D. João III concedió a estudiantes portugueses, que convirtió el Colegio de Santa Bárbara en un centro de reunión de eminentes humanistas procedentes de Portugal. De hecho, el pedagogo Diogo de Gouveia (1497-1548) fue rector de dicho colegio antes de dirigir el Colegio de Guyena, en Burdeos. Una vez en la capital parisina, Teive impartió clases de Humanidades en su Universidad, así como en la de Burdeos, donde coincidió con George Buchanan, profesor de latín y del pensador Michel de Montaigne.

            Por iniciativa del monarca D. João III, Diogo de Teive pasó a integrar el cuerpo docente del Colegio de las Artes de la Universidad de Coimbra y fue aquí donde pudo representar algunas de sus tragedias neolatinas de inspiración senequiana, tales como Ioannes Princeps sive unicum regni ereptum lumen Tragoedia, escrita en 1554, pero impresa en 1558 en Salamanca junto a sus Opuscula Aliquot. Acusado por la Inquisición de heterodoxia, permaneció un año encarcelado hasta que logró la liberación y regresó a su puesto en el Colegio de las Artes, llegando a ser su rector.

            Aparte de un Commentarius de rebus a Lusitanis in India apud Dium gestis (Coimbra, 1548), que recibió los elogios del poeta António Ferreira («por ti começou já ser grande, e claro/ o português império»), escribió estos Epodon siue Iãbicorum carminum Libri tres. Quorum indicem sequens pagella continet (1565), dirigidos al rey D. Sebastião cuando no contaba aún con once años de edad y que consistía, en realidad, en un manual para educación de príncipes. Esta obra en verso latino, de la que se conservan nueve ejemplares, sería después traducida al portugués por Francisco de Andrade, cronista mayor del reino y guarda mayor de la Torre do Tombo, bajo el título general de Epodos que contem Sentenças uteis a todos os homens, ás quaes se accrescentaõ regras para a boa educação de hum Principe (Lisboa, Na Impressão Régia, 1803).

            En cuanto al ejemplar de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, no se conocía de su existencia hasta la fecha, de ahí su inestimable valor.

 

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  1. Garcia da Orta

Aromatum et simplicium aliquot medicamentorum apud Indos nascentium Historia, ante biennium quidem Lusitanica lingua per Dialogos conscripta

Antuerpiae, ex officina Christophori Plantini, 1567

 

Ejemplar expuesto:

Toledo, Biblioteca de Castilla-La Mancha: Res. SL/2371

 

Otros testimonios:

Amberes, Museum Plantin-Moretus: A 103.

Bruselas, Bibliothèque Royale: LP 6723 A; VB 4039A.

Gante, Centrale Bibliotheek van de Universiteit Gent: Acc 12009. 

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES. 4108P.

Londres, British Library: OC Lj T 39846; B.214(1).

Madrid, Biblioteca Nacional: R/9755; R/19725; R/18118.

Nápoles, Biblioteca Vittorio Emmanuele III: SALA FARN.29.C.0042.

París, Bibliothèque Sainte Geneviève: 8 T 1442 INV 3967.

Praga, Narodni Knihovna Ceské Republiky: 18 K 190.

Santiago de Compostela, Universidad, Biblioteca General: 13416.

Troyes, Mediathèque de l´Agglomération Troyenne: r.16.2051. 

 

 

La obra que aquí se expone corresponde a una traducción en latín de los originales Colóquios dos simples e drogas e cousas medicinais da Índia, e assi dalguas achadas nela onde se tratam cousas tocantes a medicina, prática e outras cousas boas, pera saber (Goa, João de Endem, 1563, aos 10 dias de abril), del médico y naturalista del rey Garcia da Orta (c. 1499- c. 1568), que fueron dedicados a Martim Afonso de Sousa (c. 1490- 21/7/1564), virrey de la India portuguesa de 1542 a 1545 y después del Consejo de Estado.

Garcia da Orta era hijo de judíos sefarditas castellanos que habían tenido que huir de Castilla tras la orden de expulsión dictada por los Reyes Católicos y que, una vez en Portugal, se vieron forzados a convertirse falsamente al cristianismo cuando, en 1497, el rey de Portugal ordenó también su expulsión de la corona portuguesa.

A pesar de ello, Orta estudió en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca, donde se graduó en Medicina, Filosofía y Artes, pasando a ejercer después como médico en la ciudad de Lisboa a partir de 1526. Como consecuencia del acoso a cristianos nuevos, Garcia da Orta se embarcó, en 1534, con rumbo a la India como médico en la flota del virrey Martim Afonso de Sousa, el mismo a quien dirigió su obra y que después sería acusado de haber desviado dinero de la corona, lo que le condujo a alejarse de la vida pública hasta su muerte. Bajo su mandato, Orta ganó fama por su buen quehacer en el oficio y en 1538 se instaló en la ciudad de Goa, a donde se irán también sus dos hermanas y su madre tras las persecuciones de judíos por parte de la Inquisición en Portugal. Sin embargo, allí toda la familia será acusada de judaísmo tras la instalación, en 1565, de un tribunal del Santo Oficio. De hecho, una de las hermanas será quemada en la hoguera, mientras que Orta será condenado por judaísmo al año siguiente de su muerte, es decir, en 1569.

Gracias a sus viajes por las costas occidentales de India, Garcia da Orta entabló relaciones comerciales y de amistad con otros muchos mercaderes y médicos de la zona, de tal manera que muchos de ellos le enviaban semillas, drogas y piedras preciosas que le sirvieron para fijar un laboratorio y hasta un jardín botánico. Este conocimiento le sirvió para elaborar sus Colóquios dos simples e drogas e cousas medicinais da Índia, que fueron publicados por primera vez en la ciudad de Goa, en 1563. En este libro Orta acababa con algunos mitos procedentes de textos grecolatinos y árabes, especialmente en lo relativo a determinadas enfermedades o sustancias sobre las que existía gran confusión en Europa.

El libro de Orta está escrito en forma de diálogos, en total 59, en enunciación directa y con los siguientes interlocutores: el autor, el doctor Ruano, que visita la India y quiere conocer más sobre sus medicamentos y productos naturales, André Milanés, Antónia, una sierva y un mozo, todos personajes reales excepto Ruano. La materia que tratan todos estos personajes atañe a la medicina, la farmacología y la filosofía natural, y siempre se incluyen en los márgenes los nombres de los autores antiguos comentados. La mayoría de los medicamentos tratados están en orden alfabético y de cada sustancia se trata su identificación y variedad de nombres, su fuente, su presencia en el comercio internacional, así como sus usos en la medicina de su tiempo.

Aparte de su capital importancia para la ciencia moderna, en este libro aparecieron publicados los primeros versos de Luís de Camões dirigidos al conde de Redondo D. Francisco Coutinho, entonces virrey de la India, y que empiezan «Aquelle único exemplo». No en vano, el vate portugués vivió varios años en la ciudad de Goa y mantuvo relaciones de amistad, además de con Orta, con Fernão Mendes Pinto, Fernão Álvares do Oriente o Diogo do Couto. Además, la impronta del libro de Orta se dejó notar en los Lusíadas a través de las muchas referencias botánicas que aparecen diseminadas a lo largo de su libro.

En cuanto a la presente traducción al latín, salió a la luz en la ciudad de Amberes, en 1567, en los prestigiosos talleres de los Plantino y se dirigió al poderoso banquero de Carlos V «Jacobo A. F. Fvggero, Comiti in Kirchperg et Weissenhorn». Esto supuso una extraordinaria difusión de la obra de Orta a lo largo de toda Europa, en donde se convirtió en un texto de referencia y muy codiciado por parte de los médicos.

De esta edición latina se conocen en la actualidad hasta 58 ejemplares. En lo que se refiere al testimonio de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, presenta anotaciones manuscritas, algunas de ellas realizadas por la Inquisición, entre las que cabe resaltar las que aparecen en la portada: «auctore damnato» o «está conforme al expurgo del año de 1640», o las de la fe de erratas, en donde se ha añadido: «Emendata Compluti anno Domini 1576».

 

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34. Garcia de Resende

Cancioneiro Geral

Lisboa, Hermam Campos, 1516

 

Ejemplar expuesto:

Madrid, Instituto Valencia de Don Juan: Fondo Bibliográfico, 49-5(2) 

 

Otros testimonios:

Balcarres, Colinsburgh, Bibliotheca Lindesiana.

Buenos Aires, Biblioteca de la Academia Argentina de Letras: Bibliotafo 1-1-2.

Coimbra, Biblioteca Geral da Universidade: R 28-19. 

Évora, Biblioteca Pública: Res. 233.

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES. 110A; RES 111A; RES 112A.

Lisboa, Biblioteca do Palácio Nacional da Ajuda: 50-XII-41.

Londres, British Library: C.20.e.21.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/529; R/3905.

Madrid, Real Biblioteca: I.B.18.

Nueva York, Hispanic Society of America: PQ 9155.A2 R4 1516a; PQ 9155.A2 R4 1516b.

París, Bibliothèque Nationale de France: RES G-YG-3; FOL-YG-6.

Santander, Biblioteca de Menéndez y Pelayo: R-VI-A (1606).

Vila Viçosa, Museu-Biblioteca da Casa de Bragança: 45.

 

 

Una de las grandes sorpresas de esta exposición conmemorativa de los 450 años de la publicación de Los Lusíadas, de Luís de Camões, ha sido la localización de este nuevo ejemplar del Cancioneiro Geral, de Garcia de Resende, por parte del profesor Vargas Díaz-Toledo. Gracias nuevamente a la gentileza del Instituto Valencia de Don Juan, hemos conseguido que formara parte de este acervo literario y enriqueciera notablemente el hilo discursivo de esta muestra, ya que no solo supone uno de los libros más importantes de principios del siglo XVI, sino que además representa el paso de la Edad Media al Renacimiento portugués.

            Se trata de una recopilación de la poesía cortesana escrita en tierras portuguesas entre mediados del siglo XVI y 1516, año de publicación del libro. El recopilador, Garcia de Resende, llevó a cabo una selección de multitud de poemas diseminados en decenas de cancioneros manuscritos y los publicó en forma de colectánea siguiendo el modelo del Cancionero General de Hernando del Castillo, impreso cinco años antes, en 1511. En total, Resende reunió hasta 818 composiciones tanto en castellano como en portugués pertenecientes a más de trescientos autores portugueses. Recuérdese que la corte lusitana fue tradicionalmente bilingüe, diríamos que hasta bien entrado el siglo XVII, como así lo revelan tantos y tantos escritores nacidos en Portugal. Si Garcia de Resende no hubiese recogido este acervo poético, se habría perdido irremediablemente buena parte de la lírica portuguesa de la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI. Se trata, por tanto, de la memoria colectiva de un período fundamental en la historia literaria portuguesa, de un conjunto de poemas que se aleja del trovadorismo gallego-portugués imperante hasta mediados del siglo XV y se aproxima a la lírica que se estaba haciendo entonces en el reino de Castilla. Refleja de este modo el ambiente refinado y culto de la vida cortesana en Portugal, en la que la poesía se entremezclaba con la música y la danza, y las relaciones personales se consolidaban mediante la conversación y la galantería, de ahí que muchas composiciones se hallen escritas en forma de diálogo, con un sistema de «pregunta-respuesta», como se puede comprobar al principio en las obras del «Cuidar e sospirar».

El libro fue publicado por el impresor Hermão Campos, bombardero del rey D. Manuel I, y, según el colofón, su impresión comenzó en la ciudad de Almeirim, pero se terminó en Lisboa, probablemente porque la corte todavía era itinerante. Aunque este ejemplar no lo ha conservado, tras la portada había un prólogo inicial realizado por el compilador en el que explicaba los cuatro ejes sobre los que se articulaba la obra: la exaltación de Dios, la puesta en valor de las letras para destacar a determinados autores, la función amorosa y entretenida de la vida áulica, y, por último, el carácter moralizante. Teniendo en cuenta las consideraciones de Resende, el profesor Andrée Crabbé Rocha, estructuró el Cancioneiro de la siguiente manera: Poesía amorosa, Poesía jocosa, Poesía religiosa, Poesía didáctica o moralizante, Traducciones versificadas, Poesía histórica o épica y Poesía dramática. Hoy día, sigue siendo una de las clasificaciones más aceptadas.

En lo que a los tipos de composiciones métricas respecta, nos podemos encontrar, sobre todo, vilancetes, cantigas con mote y vuelta, y trovas, de tal manera que los versos predominantes son la redondilla mayor y la menor.

En cuanto a los autores, Diogo Brandão, Álvaro de Brito, Henrique da Mota, João Rodrigues de Sá, Francisco de Sá de Miranda, Bernardim Ribeiro o el propio Garcia de Resende, que incluye hasta cincuenta trovas de su autoría, son algunos de los mayores exponentes de una poesía que está a camino entre la tradición medieval y el nuevo sentir renacentista. El orden de las composiciones es, en cierto modo, aleatorio, sin unos criterios fijos ni alfabéticos, cronológicos o temáticos, si bien es cierto que predominan, por lo general, los bloques de amor o los relativos a una vena entre jocosa y satírica. Con respecto al amor, nos podemos encontrar alabanzas de la amada, el sufrimiento por la indiferencia del objeto amado, la «saudade» por su ausencia, el desengaño frente a un desencuentro amoroso. En relación a la sátira, ocupa un espacio muy importante en el conjunto de la obra: el comportamiento, la forma de vestir o de hablar, los defectos físicos, las costumbres o la corrupción de valores y muchos otros aspectos sirven para ridiculizar a hombres y mujeres de la época.

En lo que a las particularidades de este ejemplar se refiere, habría que destacar, en primer lugar, que no está completo, ya que conserva un total de 227 folios en lugar de los 232 originales, de modo que ha perdido cinco folios: uno del cuaderno a, dos del cuaderno b y otros dos del cuaderno C. En segundo lugar, la encuadernación es de pergamino, con el lomo un poco deteriorado y desprendido casi por completo del resto del volumen. Por último, llaman la atención numerosas anotaciones y tachones manuscritos diseminadas a lo largo de todo el volumen. Así, por ejemplo, la cantiga de Antón de Montoro dedicada a la reina doña Isabel de Castilla aparece completamente tachada (fol. 31v); en el epígrafe de la «Reposta de dom joam polos consoantes», aparece una anotación a mano diciendo «boa reposta» (fol. 44r); el fol. 63r presenta algunas censuras, presuntamente eclesiásticas, puesto que se han pegado tiras de papel para suprimir algunos epígrafes, que hemos reconstruido a través del ejemplar de la Hispanic Society of America: «Expedite unam mulierem mory», «Nom licet mittere eam in carbonum», «Secundum legem debet mory», «Tole tole crueifige eam», «Hanc dimittis nomes amicus cesaris», o «Tradidit eam illis ut crucifixcretur».

Por último, cabe mencionar que en el desarrollo de este catálogo hemos tenido la suerte de localizar otro ejemplar más de esta obra que no se conocía, conservado en la ciudad de Buenos Aires y cuya noticia ya está preparando el profesor Vargas Díaz-Toledo. Con él existiría un total de diecinueve ejemplares repartidos por todo el orbe.

 

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35. Francisco Sá de Miranda

As obras do celebrado lusitano o doutor Francisco de Sá de Miranda, collegidas por Manoel de Lira

Lisboa, Com licença do Supremo Conselho da Santa Geral Inquisição e Ordinário, Com privilégio real por dez anos, s.n., 1595

 

Ejemplar expuesto:

Toledo, Biblioteca de Castilla-La Mancha: 1-460

 

Otros testimonios:

Berkeley, Berkeley University Library: PQ9241 1595.

Cambridge, Houghton Library, Harvard University: Port 5470.1*.

Cincinnati, University Library: OCLC: 7995419.

Coimbra, Biblioteca Geral da Universidade: R 1 28; R 11 228; VT 218 18 229. 

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES. 43997V; RES 3192V.

Londres, British Library: G.11282.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/6220.

Nueva York, Hispanic Society of America: PQ 9241.A1. 1595.

Oxford, Balliol College Library: Spec.Coll 700 d 07.

París, Bibliothèque Nationale de France: 8-RE-7020 Richelieu- Arts su spectacle.

Ponta Delgada, Biblioteca Pública e Arquivo Distrital: 12986.

 

 

De no haber existido Camões, Francisco de Sá de Miranda (Coimbra, ca. 1486- Amares, ca. 1558) habría ocupado el primer lugar entre los vates portugueses. De familia de ilustre abolengo, de la antigua generación de los «Sás», estudió Derecho y obtuvo el grado de doctor, llegando a enseñar en la Universidad de Lisboa. Sin embargo, una vez fallecido su padre, Sá de Miranda se dedicó al estudio de la filosofía moral, así como a las lenguas griega y latina.

            Trasladado a la corte desde 1513, sus primeras composiciones poéticas fueron muy apreciadas entre los círculos intelectuales del momento. Algunas de ellas, escritas bajo la influencia de la poesía de cancionero, en donde dominan las formas, los metros y los géneros típicamente de tradición medieval, fueron incluidas en el famoso Cancioneiro Geral (Lisboa, Hermão Campos, 1516), de Garcia de Resende.

            Sin embargo, su concepción de la poesía va a cambiar a partir de un viaje que realiza en 1521 y que le mantendrá alejado de Portugal hasta 1526. En estos cinco años de ausencia, visitó España y, sobre todo, Italia, donde, gracias a su amistad con Vittoria Colonna, tuvo la oportunidad de conocer de primera mano las obras de las grandes personalidades del Renacimiento italiano gracias a su estancia en Roma, Venecia, Nápoles, Milán o Florencia. Así, por ejemplo, se familiarizó con los clásicos de Sannazaro, Ariosto, Bembo, los Tasso o Guicciardini, a algunos de los cuales conoció personalmente y cuyas lecturas le convencieron de que debía llevar a cabo una actualización de la literatura portuguesa.        

            Por lo tanto, a su vuelta de tierras italianas, Sá de Miranda introdujo, por un lado, la medida nueva o decasílabo (en la literatura castellana corresponde al endecasílabo), en lugar de, por ejemplo, el octosílabo, típico de la lírica tradicional, y, por otro, nuevas formas como el soneto, el terceto o la octava rima, aparte de algunos subgéneros líricos como la elegía, la epístola o la égloga pastoril. Todas estas novedades significaban la asimilación definitiva del Humanismo en Portugal –que se había iniciado con la llegada de Cataldo Parísio Sículo a finales del siglo XV-, así como la implantación del petrarquismo en la poesía portuguesa. Una circunstancia que le une a Juan Boscán y a Garcilaso de la Vega, introductores de los metros y formas italianas en la literatura castellana. No en vano, estos últimos tuvieron relación de amistad con Sá de Miranda cuando pasó por la corte castellana a su vuelta de Italia, y es probable que aquellos le incitasen a seguir su ejemplo en Portugal. Recuérdese, en este sentido, que Garcilaso había cantado en sus églogas primera y tercera a Brites o Beatriz de Sá, la segunda mujer de su hermano Pedro Laso y prima de Francisco de Sá de Miranda, «la mujer más hermosa que se halló en Portugal», en palabras de Gaspar Frutuoso. Las églogas mirandianas Alexo, Célia y Nemoroso –esta última para lamentar la prematura muerte de Garcilaso-, se pueden situar cronológicamente al poco de volver a Portugal y sabemos por boca de su autor que el público lusitano recibió con desprecio e indiferencia las novedades que les presentaba.

La edición de las obras de Sá de Miranda que aquí exponemos corresponde a la primera, salida en Lisboa, en 1595, por el impresor Manoel de Lira, que fue quien se encargó de reunirlas a partir de cuantos manuscritos cayeron en sus manos. De hecho, se cree que tuvo en su poder autógrafos del propio autor. De esta impresión han sobrevivido hasta quince testimonios en bibliotecas de todo el mundo.

 

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36. Francisco Álvares

Ho preste Joam das Indias, Verdadera informaçam das terras do Preste Joam

Lisboa, em casa de Luis Rodriguez, 1540

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: SL/3106

 

Otros testimonios:

Cambridge (Harvard University), Houghton Library: Typ 535 40.137; PC5 Al852 540p.

Coimbra, Biblioteca Geral da Universidade: V T 218 210 14.

Copenhague, Det Kongelige Bibliotek: Geogr., 2517 fol.

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES 3412 V; 3413 V; F 42546.

Londres, British Library: G.6829; C.32.l.5.

Madrid, Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla: FG 2908.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/583; R/11766; R/553.

Nueva York, Public Library: OCLC: 31676903.

Oxford, Bodleian Library: Antiq.d.P.1540.1; Antiq.d.P.1540.2.

París, Bibliothèque Nationale de France: RES-O2K-5; R87565.

Roma, Biblioteca Apostolica Vaticana: BAV MAG STAMPATI Stamp-Cerulli.III.190.

 

 

El ejemplar expuesto se ha visto privado de las primeras páginas, que conocemos gracias a los otros testimonios conservados de esta misma impresión. En ellas se puede observar una imagen que se podría interpretar como del autor de la obra, el padre portugués Francisco Álvares, partiendo con el resto de la expedición hacia las tierras del Preste Juan en cumplimiento de la misión que les ha sido encomendada: viajar a las lejanas tierras de Etiopía para llevar una embajada de don Pedro de Lima a la corte del enigmático rey africano (aunque en algunas ediciones se interpreta como una imagen del mismo Preste Juan).

Álvares, como se infiere por el título que dio a sus escritos, deseaba dejar constancia de la veracidad de todo lo que contenía su relato, basado en un viaje realizado en 1520, lo que, según los críticos, podría restar a su texto calidad literaria. Cabe destacar, sin embargo, que esta obra es una de las principales fuentes historiográficas y etnológicas para el conocimiento de una tierra que se decía entonces gobernada por un misterioso soberano –cristiano– que había hecho llegar una (aún más) misteriosa carta hasta la sede del Papado, dándose a conocer, lo que dio pie a una amplia serie de especulaciones sobre su origen, su estatus, sus riquezas (que se antojaban inmensas) y su gran virtud y piedad cristiana.

Desde la aparición de la mencionada carta –apócrifa- en Europa se asiste a un notable incremento de la curiosidad por esta figura lejana y, precisamente por eso, rodeada de misterio; una repentina credulidad, alimentada por los rumores sobre la opulencia en la que se vivía en ese fantasmagórico reino, hizo que personajes de vario tipo emprendieran un viaje en busca del reino oriental, cuyo monarca ejercía tanto el poder político como el poder religioso sobre sus súbditos, según las informaciones de la carta. Así nació el mito del Preste Juan, al que ninguna nación de entonces resultó inmune, y aparecieron obras de diversa índole tratando de satisfacer la curiosidad de un público intrigado y entregado a estos relatos.

Del mito inicial, cuyas características espaciales se asemejan a las de un Paraíso Terrenal –y precisamente por ello despiertan la fantasía y el afán de búsqueda de los hombres de finales de la Edad Media–, el Preste Juan se convierte en un monarca cuyos territorios empiezan a ser reconocibles en la geografía africana; es en este contexto que el padre Álvares insiste en explicar que su viaje es real, y que las tierras que él describe existen, lo que supone un avance notable en el conocimiento del cuerno de África por parte de las expediciones portuguesas desde el siglo XVI. En un progresivo proceso de desmitificación de un espacio imaginario, los portugueses, con un gran sentido del pragmatismo, buscan nuevas alianzas y nuevos réditos económicos en tierras lejanas, como se lee en el relato de esta Verdadeira Informaçam, y como recoge el propio Camões en un episodio en el que explica el viaje realizado por los emisarios del rey D. João III al encuentro del negus etíope (IV: 61-65). 

 

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37. Pantaleão de Aveiro

Itinerario da Terra Sancta

Lisboa, Diogo Tavares e Simão Lopes, 1600

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: 21792

 

Otros testimonios:

Coimbra, Biblioteca Geral da Universidade: RB-6-5.

 

 

Desde la Edad Media, el viaje a un Oriente cargado de riquezas, largamente imaginado, soñado y codiciado, se convierte en un topos literario que goza de una amplia fortuna en el género de los libros de viajes.

En términos cronológicos, el principal destino de los viajeros, peregrinos, caballeros, comerciantes y religiosos es Tierra Santa, un lugar en el que se conjugan el deseo de conocer un espacio exótico y la necesidad espiritual de contacto directo con lo divino.

El peregrino, desde los primeros textos del siglo V de la enigmática Egeria, desea comprobar la existencia y el aspecto de los lugares sagrados in situ, así como servir de testimonio para aquellos que leerán o escucharán su relato minucioso y atento. Se configura así, a través de los siglos, un itinerario hacia los lugares bíblicos que permitirá recorrer los episodios vétero y neotestamentarios y experimentar sensaciones muy profundas de cercanía a Dios. Tenemos, por lo tanto, un itinerario iniciático, casi místico, de reconocimiento de las tierras santas tan conocidas por intermediación de los textos sagrados primero, y de las informaciones que proporcionan los viajeros, después. Un itinerario que permite al peregrino esperar, a la vuelta a su lugar de origen, una buena vida o, al menos, una buena muerte. Con el tiempo, como sucede con otro tipo de viajes y con sus relatos, los textos se van desprendiendo de cierta pátina de mirabilia y se ciñen a detalles cada vez más concretos y prácticos, incluyendo consideraciones de carácter comercial o político en sus descripciones.

El fraile franciscano Pantaleão de Aveiro escribió su Itinerario en 1593, dando cuenta de una peregrinación desde Venecia hasta Jerusalén –pasando por Corfú y Chipre- y centrando buena parte del relato en los lugares relacionados con la Pasión de Cristo, como era habitual en la época. Su intención principal era la de dar a conocer los lugares que vio con sus ojos, o de los que le hablaron personas dignas de la máxima credibilidad, como se desprende del Prólogo al Itinerario, un prólogo dirigido especialmente «aos devotos e desejosos de visitar a Terra Santa e os lugares della, nos quaes teve por bem nascer, morrer e subir aos Ceos, o Unigenito Filho do Padre Eterno Deos, e Senhor nosso». El autor se detiene en una minuciosa descripción de la ciudad santa, así como en el relato de su paso por Belén. Posteriormente, la atención se desplaza hacia los lugares bíblicos del resto de Palestina, desde los cuales se dirige hacia Siria y el Líbano para emprender finalmente el viaje de regreso a su lugar de origen.

 

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38. Garcia de Resende

Livro das obras de Garcia de Resende, que tracta da vida e grandissimas virtudes e bondades, magnanimo esforço, excelentes costumes e manhas e muy craros feitos do christianissimo, muito alto e muito poderoso principe el rey dom Ioam ho segundo deste nome, e dos Reys de Portugal ho trezeno, de gloriosa memoria

Évora, em casa de André de Burgos, impressor do cardeal-iffante, ao fim de mayo, 1554

 

Ejemplar expuesto:

Toledo, Biblioteca de Castilla-La Mancha: 8531

 

Otros testimonios:

Chile, Biblioteca Nacional: OCLC: 55241055.

Coimbra, Biblioteca Geral da Universidade: VT-18-9-15. 

Lisboa, Ajuda: 50-XII-27.

Lisboa, Arquivo Nacional da Torre do Tombo: CF 358.

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES. 19A; RES 528V.

Londres, British Library: 1199.i.21. G.6402.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/4797; R/15466; R/12181.

París, Bibliothèque Nationale de France: FOL-OR-23.

Rio de Janeiro, Biblioteca Nacional: Livros Raros, 20.1.3; 20.1.4.

Roma, Biblioteca Casanatense: V.VI.36

 

 

La colectánea que recoge este Livro das obras de Garcia de Resende posee un altísimo valor histórico por cuanto es una fuente extraordinaria de un personaje que vivió de primera mano en la corte del rey D. João II de Portugal. El conjunto de la obra reúne los siguientes textos: Feições, virtudes, custumes e manhas d´El-Rei dom Joam o Segundo; Vida e feitos d´El-Rei dom João Segundo; A trasladação do corpo d´El-Rei dom João o Segundo; A entrada d´El-Rei dom Manoel em Castela; Ida da iffante dona Beatriz pera Saboia; O Sermão dos três reis magos; y una Miscellanea de Garcia de Resende, e variedade de historias, costumes, casos e cousas que em seu tempo acontesceram, esta última escrita en forma de verso. Por lo tanto, nos encontramos con unos textos que nos ayudan a comprender mejor algunos de los acontecimientos más relevantes de finales del siglo XV portugués.

            De las dos ediciones que se llevaron a cabo de esta obra a lo largo del siglo XVI, la primera se hizo en Lisboa, en la imprenta de Luís Rodrigues, en 1545; mientras que la que aquí presentamos corresponde a la segunda, impresa en Évora, en 1554, en casa de André de Burgos. Este último impresor, español de nacimiento, se cree que trabajó por tierras hispalenses entre 1542 y 1549. Al parecer, el cardenal-infante D. Henrique le trajo a Portugal y se estableció en Évora. En 1559 fue condenado por la Inquisición a un año de destierro por haber impreso cartas de jugar. Su marca más conocida era la de la esfera armilar y el escudo de las armas reales, con un grifo en el sello, tal como se puede ver en la portada de la presente obra. Sin embargo, de acuerdo con los trabajos de Juan Delgado Casado, este Andrés de Burgos que trabajó tipográficamente en Sevilla no sería el mismo que lo hizo en la ciudad eborense, aunque es un tema que necesita un estudio mucho más profundo. Tuvo fama por haber impreso la Menina e moça (Évora, 1554), de Bernardim Ribeiro, así como la Crónica do famoso e muito esforçado cavalleiro Palmeirim d´Inglaterra (Évora, 1564-67), de Francisco de Moraes. Su hijo Cristóvão de Burgos fue quien le sucedió en el taller a partir, al menos, de 1581.

A juzgar por la elevada cantidad de castellanismos de la presente edición de 1554, los oficiales de la imprenta de André de Burgos debían de ser de origen castellano y es probable que corresponda a una de las primeras obras impresas por Burgos en la ciudad eborense. En cuanto a la calidad de las impresiones de la familia Burgos en Évora, los estudiosos de la imprenta portuguesa han destacado su escasa calidad, sin reclamos ni paginación, con el uso de un papel de poca calidad, y, por último, con unos caracteres muy desgastados.

En la actualidad, de la edición aquí expuesta hemos conservado hasta una treintena de ejemplares, todos ellos referenciados por la profesora Evelina Verdelho en la edición crítica que llevó a cabo en 1994, excepto el ejemplar de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, que haría el número treinta y uno. A esta circunstancia hay que añadir el hecho de que presente anotaciones manuscritas en los márgenes que nos indican una lectura atenta por parte de un lector, probablemente, contemporáneo, si tenemos en cuenta el contenido de algunas de ellas.

 

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  1. Gaspar de Barreiros

Chorographia de alguns lugares

Coimbra, por Ioan Alvarez, Lope de Barros, 1561

 

Ejemplar expuesto:

Biblioteca de Castilla-La Mancha, Toledo: SL/602

 

Otros testimonios:

Cambridge (Harvard University), Houghton Library: *PC5 B2744 561c.

Coimbra, Biblioteca Geral da Universidade: R 214 212 A.

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES 3398 11P; RES 3532 11V; RES 41522 11P; RES 46413 11P.

Londres, British Library: G.7308.

Madrid, Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla: FLL 35047.

Madrid, Biblioteca Nacional: R/6657 (1); R/16835; R/10258 (1); R/17914 (1); R/6657.

Nueva York, Public Library: OCLC: 42721608.

Viena, Österreichische Nationalbibliothek: BE.8.N.27 PS.

 

 

Gaspar Barreiros (1505?-1560) emprende en 1546 un viaje desde Badajoz hasta Milán, describiendo todos los lugares que le parecen significativos de España, Francia e Italia por los que pasa en su periplo. Intelectual renacentista, Barreiros vive la experiencia del viaje, y especialmente si se trata de un viaje a la península italiana, cuna de una parte de la cultura clásica, como una experiencia vital para impregnarse de las ideas y los valores de un Renacimiento ya asentado como el mayor movimiento cultural del continente europeo.

Sobrino de João de Barros, Barreiros recibe el encargo de viajar hasta Roma para agradecerle al papa Pablo III el nombramiento como cardenal que recibiera su mentor, el infante D. Henrique; en la portada, de hecho, se encuentra el escudo cardenalicio del infante. Sin embargo, la narración se interrumpe en el norte de Italia por no haber tenido oportunidad de registrar los detalles de la última parte del trayecto.

Dadas las características del viaje, no se considera un itinerario de descubrimiento, ni de conquista, como en el caso de los desplazamientos a lugares remotos de las Indias o del Nuevo Mundo. La Chorographia es antes de nada una iniciación personal a los lugares que fueron cunas de civilizaciones; pero es también un texto en constante diálogo con la primera de las Décadas da Ásia de João de Barros, de cuya impronta se nota su influencia en la concepción del viaje como conocimiento directo de la dimensión humana de los lugares visitados, así como en la importancia otorgada a la misión civilizadora y evangelizadora de Portugal. Barreiros cita a su tío en el Prólogo a la Chorographia, y afirma haber recibido el encargo, por su parte, de informarle exhaustivamente sobre los lugares visitados.

El viaje discurre desde Badajoz (no aparecen lugares portugueses, quizás por ser sobradamente conocidos por sus lectores), pasando por Talavera de la Reina, Madrid, Alcalá de Henares, Guadalajara, Aragón, Cataluña, Perpiñán, Montpellier, Delfinado, los Alpes, el Piamonte, Asti, Alessandria y Pavía hasta llegar a Milán. Pero los grandes descubrimientos de aquellos años atraviesan el texto en varias partes, como un discurso de fondo que ensancha el valor del viaje relatado. La ampliada noción geográfica de un mundo en expansión, desde la perspectiva europea, es la base de una nueva forma de conocer y aprehender el mundo a la que Barreiros no es ajeno, aún siendo su viaje un camino por lugares ya antes transitados.

 

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40. Heitor Pinto

Segunda parte dos Diálogos da imagem da vida cristã

Lisboa, João de Barreira, à custa de João d´Espanha, mercador de livros, 1572

 

Ejemplar expuesto:

Toledo, Biblioteca de Castilla-La Mancha: 30497

 

Otros testimonios:

Évora. Biblioteca Pública, Gab. E. 6- C. 2 nº 32 (288).

Houghton Library, Harvard University: *PC5.P6585l.1572 pt 2 *76-762.

Lisboa, Biblioteca Nacional: RES. 3111P.; RES. 1687P.

Lugo. Mondoñedo. Seminario Diocesano Santa Catalina, e44-121.

Madrid, Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla: FLL 3100.

Madrid, Biblioteca Nacional: U/8846.

Ponta Delgada, Biblioteca Pública Arquivo Regional de Ponta Delgada [JC/A AR.1 A/61 RES] (1).

Porto, Biblioteca Pública Municipal: Res-XVI-A-0471.

Santander. Biblioteca Central de Cantabria/ Biblioteca Pública del Estado, XVII 559.

Viçosa. Paço Ducal, Res. 44 Adq.

 

 

A pesar de que no se conoce mucho sobre sus primeros años de vida, sí sabemos que Heitor Pinto (ca. 1528- ca. 1584) ingresó en la orden de los jerónimos en torno a 1543, donde aparece documentado como miembro profeso del monasterio de Santa María de Belén, en Lisboa. Estudió Artes en el Colegio da Costa de la ciudad de Guimarães, después Derecho Civil entre Salamanca y Coimbra y, finalmente, Teología en Coimbra, obteniendo el grado de doctor en esta última disciplina, en 1568, por la Universidad de Sigüenza. Sus conocimientos de griego y hebreo, así como de la Biblia eran famosos en la época, tal y como ponen de manifiesto algunos de sus escritos. Gracias a ello, intentó obtener la cátedra de Sagrada Escritura en la Universidad de Salamanca, pero se encontró con la firme oposición de buena parte del claustro, entre los que se encontraba fray Luis de León. Dicha cátedra le sería más tarde recompensada en la Universidad de Coimbra, en 1575, con el beneplácito del rey D. Sebastião.

Una vez fallecido el monarca, su principal aliado, y debido a su declarado apoyo a la causa del Prior do Crato frente a las aspiraciones de Felipe II, este último ordenó retirarle de su cátedra y enviarle al exilio a la ciudad de Toledo en 1581, en concreto en el monasterio de Santa María de la Sisla, de la orden jerónima, situado a las afueras de la ciudad. Aquí moriría en 1584 después de haberle sido levantada su pena y en su lápida se grabó la siguiente inscripción: «Hic iacet Hector ille Lusitanus». Hoy día, los restos de dicho monasterio se hallan dentro del terreno propiedad del ejército de tierra español y forma parte del campo de tiro y maniobras de la Academia de Infantería.

Al margen de los distintos comentarios que hizo sobre la exégesis bíblica en lengua latina, su fama le vino dada por la elaboración de los Diálogos da imagem da vida cristã, cuyo éxito fue tan extraordinario que no solo se reeditó en multitud de ocasiones a lo largo de los siglos XVI y XVII, sino que también fue objeto de traducciones al español, al latín, al francés o al italiano. Fue un auténtico éxito de ventas. La primera parte de esta obra salió a la luz en 1563, en las prensas conimbricenses de João de Barreira, mientras que la segunda parte –que es la que aquí se expone- lo hizo por primera vez en 1572, también a costa del mismo impresor, pero esta vez en la capital lisboeta. En esta última edición, el autor dirigía su prólogo al príncipe D. Duarte, nieto del rey D. Manuel I.

En cuanto al impresor, João de Barreira trabajó para el rey y para la Universidad de Coimbra, si bien es cierto que se movió entre las ciudades de Coimbra, Lisboa y Braga. En todas sus obras utilizó solo caracteres góticos y, de acuerdo con Joaquim Martins de Carvalho, de 1548 a 1586 trabajó al alimón con João Álvares, y existen noticias de que publicó libros hasta 1594.

En esta obra se perciben distintas influencias, entre las que cabe destacar las siguientes: en primer lugar, la presencia de Platón no solo en la disposición del discurso en diálogos, sino también en el dualismo cuerpo-alma o mundo-cielo que se deja notar a lo largo de todo el texto. En segundo lugar, el pensamiento de san Agustín, concretamente en la idea de que el hombre ha de mirar hacia el interior de su alma para hallar a Dios. Y en último término, la influencia de su padre espiritual, san Jerónimo, tanto en la introspección y en la búsqueda de soledad, como en ver la religión como un paraíso terrenal.

De igual modo, Heitor Pinto expone en este libro algunas de las preocupaciones humanas de la segunda mitad del siglo XVI, como la brevedad de la vida, el desprecio y huida del mundo, la desconfianza hacia los sentidos o la defensa de la vida retirada y en comunión con Dios.

La enunciación es directa e indirecta y los interlocutores son variados y tratan de representar a toda la sociedad: un filósofo, un ermitaño, un religioso, un peregrino, un doctor teólogo, un matemático, un jurista, un médico o un negociante son los más representativos.

El presente ejemplar tiene anotaciones manuscritas, como la que aparece en las hojas preliminares en donde se alude al lugar donde fue sepultado Pinto: «Fr. Hector Pinto muriò en Toledo en el Monasterio de la Sisla; está sepultado allí como parece de la inscripción sepulcral que està en uno de sus claustros. Dice assi: HIC LUSSITANUS ILLE HECTOR PINTUS».

 

  En este segundo apartado es posible contemplar un breve panorama sobre las obras que tuvieron una gran influencia en la obra de Luís de Camões, ora en la poesía, ora en el teatro, tanto desde el punto de vista literario como histórico o geográfico.

   En este sentido, habría que tener en cuenta que el apogeo militar y económico de Portugal se vio reflejado en el ámbito cultural, puesto que el siglo XVI portugués corresponde a su época dorada de las letras. Además del interés hacia la Antigüedad grecolatina, llegan a Portugal nuevos aires procedentes de la literatura italiana. Como consecuencia de ello, aunque aún sigan coexistiendo los modelos medievales en autores como Gil Vicente, las innovaciones poéticas e intelectuales de origen extranjero transformaron todo el panorama literario para siempre. La narrativa, el teatro, la lírica dejaron notar las influencias del Renacimiento y del Humanismo italiano y castellano. No en vano, esta nueva concepción del saber, basado en el estudio y en la imitación de los autores antiguos, era la mejor vía para la dignificación y la perfección del Hombre.

   A partir de la llegada a Portugal, en 1485, de Cataldo Parisio Sículo es cuando se ha situado la entrada definitiva del Humanismo portugués, que acabará por consolidarse con la vuelta de Francisco de Sá de Miranda de tierras italianas a finales de la década de 1520, que hará lo mismo que Garcilaso de la Vega y Boscán para la literatura castellana, es decir, introducir las nuevas formas y metros de origen toscano en las letras portuguesas. En este arco cronológico de alrededor de cuatro décadas, Estévão Cavaleiro o Martinho de Figueiredo publicaron una Ars grammatica (1516) y un Commentum super prologum naturalis historia Plinii (1529), respectivamente, que suponían una crítica al latín medieval, la primera, y la implantación de un método filológico, la segunda. En esta misma línea habría que situar la Oratio pro Rostris (1534), de André de Resende, la tradicional oración de sabiduría que fue pronunciada durante la sesión de apertura de la Universidad de Lisboa y que suponía un ataque a los métodos tradicionales de la escolástica frente a los nuevos aires renacentistas.

   En esta línea cultural, conviene mencionar la estancia de estudiantes portugueses en los principales centros universitarios de Europa gracias a la iniciativa regia. Así, por ejemplo, D. João II envió a Italia, sobre todo a la Universidad de Bolonia, a algunos estudiantes becados. Más tarde, sería D. Manuel I el encargado de que muchos intelectuales de la época estudiasen en las universidades de París o Salamanca. En el caso de D. João III se irá aún más lejos y se incentivará un paquete de medidas culturales encaminadas hacia la euorpeización de sus estudiantes. De este modo, por un lado, concederá becas muy bien dotadas económicamente para estudiar en el Colegio de Santa Bárbara, en París, que llegará a ser gobernado por algunos eminentes profesores de origen lusitano. Por otro, convertirá a Coimbra en un auténtico centro de formación intelectual, ya que no solo traslada la Universidad de Lisboa a esta ciudad en 1537, sino que una década más tarde también crea el Real Colegio de las Artes, por el que imparten docencia los más eminentes profesores portugueses y extranjeros de la época. André de Gouveia, Diogo de Teive, Jorge Buchanan o João da Costa. Todos ellos, además, admiraban la obra de Luis Vives, Guillaume Budé y , sobre todo, Erasmo de Rotterdam, lo que va a contribuir a que muchos de los docentes sean perseguidos y condenados por la Santa Inquisición, que había sido implantada en Portugal en 1536.

   Las obras de Garcia da Orta, Francisco Álvares o Marco Polo ayudan a comprender el imaginario del siglo XVI con respecto a un Oriente maravilloso, que también está reflejado en Los Lusíadas.