Presentación
EL LEGADO MALAGÓN-PERENYA
El legado de Javier Malagón Barceló es un caso excepcional entre los muchos legados de exiliados españoles. A lo largo de décadas, este toledano estuvo mandando fondos documentales a la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, desde los años 50 hasta su muerte. Como funcionario de la Organización de Estados Americanos, residiendo en Washington, periódicamente envió cajas de libros, separatas y revistas de muy variada temática. En 1976 además deposita 5 cajas de documentación personal en el Archivo Histórico Provincial, principalmente cartas, entre las que se incluyen sus contactos con profesores e investigadores de toda América, algunos de ellos procedentes del destierro español. Por voluntad testamentaria su viuda, Helena Perenya Pàmies, deposita los últimos fondos en ambos centros documentales, y costea el catálogo de las monografías que se editó en papel.
El concepto “Historia menor” lo hemos tomado de un libro de Javier de 1976, en el que culmina la corriente de la escuela historiográfica iniciada décadas atrás por Rafael Altamira, destacando en el primer plano de los estudios históricos a las personas humildes que realizaron tareas cotidianas, pero de importancia para sus coetáneos. En su caso, este legado supone unos 10.000 documentos, 42 colecciones amplias de revistas, en la mayoría de la cuales participó Javier, más números sueltos de otras 140, y 48 cajas de documentación. Uno de los empeños de esta pareja es recopilar el mayor número de publicaciones de los exiliados españoles, constan casi 200 autores, de una variedad de ámbitos de estudio sorprendente. La trayectoria profesional de ambos a lo largo de su vida laboral (él profesor de disciplinas jurídicas, en principio, y más tarde históricas y bibliográficas; ella en principio profesora, y experta traductora de varias lenguas desde joven), les permite estar al tanto de novedades en el campo de las humanidades, pero también de la medicina y las ciencias estudiadas en el marco del rico y variado continente americano.
Lo más sorprendente para cualquiera que nos hayamos acercado a este legado es la cantidad de publicaciones que contienen una dedicatoria autógrafa del autor, traductor, compilador o cualquier otra persona participante en la publicación. Cerca de las 2.000 contienen palabras y firmas manuscritas de autores. Las hay de maestros, compañeros de estudio o coetáneos universitarios, compañeros de exilio, colegas de profesión docente o investigación jurídica o histórica… y la mayoría de ellas denotan una verdadera amistad tanto con Javier como con Helena. En el caso de él, desde su adolescencia mantiene la costumbre de marcar su propiedad con su firma, la fecha de adquisición y en su mayoría el lugar.
Este tesoro documental, con los alicientes de calidez humana expuestos, no debe de permanecer solo como pieza de museo y testimonio de la generosidad de una pareja educada en los valores democráticos de la época en que se formaron y comenzaron su trabajo, regalo a la ciudad natal de Javier, sino que se da a la luz con esta exposición para que se utilice su riqueza documental y sea leída y estudiada por los ciudadanos del presente.
